Opinión

ETA, paz y justicia

Domingo 18 de septiembre de 2011
Tiene toda la razón Cándido Conde-Pumpido, Fiscal General del Estado, al afirmar que la condena a Arnaldo Otegui “contribuye al avance de la paz”. Llama así la atención sobre una evidencia que no parece tal de un tiempo a esta parte, cual es que la justicia pone a cada uno en su sitio, y es la injusticia la que menoscaba la paz. Desde el nacionalismo vasco lleva demasiado tiempo filtrándose el sofisma de que el único camino para la paz es hacer concesiones a los violentos, tanto los de las pistolas como los de la política. Arnaldo Otegui y otros tantos de su cuerda han delinquido en un momento dado, y ahora pagan por ello. Ni más ni menos.

Tiene importancia lo del momento en cuestión, porque también ahora parece muy en boga aludir a los “nuevos tiempos” que vive Euskadi. Esos nuevos tiempos son tales porque, por un lado, la sociedad vasca ha mostrado al nacionalismo que el poder no está sacralizado, sino que se otorga o se retira en función de una determinada labor de gobierno. Por otro, hay ausencia de violencia por la eficacísima labor policial. Judicial, política e internacional que ha acabado por asfixiar al entorno de ETA. Entorno del que eran parte activa Otegui y Díez Usabiaga, y en base a ello han sido condenados. Que ETA haya tenido que dejar de matar no implica que la justicia siga cumpliendo con su cometido. Lo demás son elucubraciones sin sentido alguno.

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