Pedro Cateriano | Lunes 19 de septiembre de 2011
A lo largo de su historia republicana, el Perú consideró a la Argentina como país hermano, en el sentido cabal de la palabra. Además la compleja situación geopolítica de América del Sur, siempre determinó que los peruanos consideráramos a ese país como un aliado estratégico en las buenas y en las malas.
Prueba de ello es que durante el precipitado conflicto bélico, que la dictadura del general Leopoldo Galtieri, inició contra Gran Bretaña, el Perú tomó partido por la Argentina. Miles de peruanos en aquel momento, se presentaron ante la sede de la embajada de la Argentina en Lima, para ir a combatir al lado de los argentinos. El presidente Fernando Belaunde Terry, tomó la audaz y temeraria determinación, de apoyar militarmente a los argentinos, con el envío de armamento y aviones de combate comandados por ofciales peruanos, para participar en la guerra de las Malvinas. A diferencia de Chile que, con el aval de la dictadura del general Augusto Pinochet concedió en su territorio, toda clase de facilidades logísticas a los británicos.
Al final de la conflagración, que perdió la Argentina debido a la notoria superioridad y poderío de las fuerzas armadas invasoras, y también a su visible inferioridad frente a ellas, nuestro país recibió múltiples pruebas de agradecimiento, por la solidaridad activa recibida. El gesto histórico de Belaunde había fortalecido, aún más, las relaciones bilaterales de las dos naciones que siempre se mantuvieron juntas.
Por esta razón, hasta ahora, resulta incomprensible que el año 1995 la Argentina durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, le vendiera armamento al Ecuador cuando el Perú se encontraba en plena guerra con ese país, por haber invadido territorio peruano. Era una terrible traición, porque Argentina era además garante del Tratado de Paz y Límites firmado entre el Perú y el Ecuador, que zanjó el conflicto sostenido entre ambos el año 1941.
Luego de este penoso incidente, las relaciones diplomáticas entre el Perú y la Argentina se congelaron, y estuvieron enrarecidas durante años, si bien es cierto que durente ese período, varios medios peruanos publicaron cartas de innumerables argentinos, expresando su vergüenza y pesar por la acción del gobierno de Menem.
Recién el año pasado, cuando la presidenta de la Argentina Cristina Fernández de Kirchner visitó el Perú, se recibieron las disculpas de ese país, que gobiernos anteriores no presentaron. En aquella ocasión la mandataria declaró: "Esta es una visita de desagravio institucional y reparación" y agregó: "Siento que estoy cumpliendo un mandato de todo el pueblo argentino". El presidente Alan García, respondió afirmando, que esa visita representaba "el punto final a un enojoso incidente que jamás debió ocurrir". A partir de ese momento, se dio vuelta a la página para mejorar las relaciones de las dos naciones.
Sorpresivamente esta semana, luego de un largo y kafkiano proceso judicial que se le siguió a Carlos Menem y a sus principales colaboradores, por el tráfico de armas al Ecuador, la justicia argentina, lavándose las manos, lo acaba de absolver a él, y a todos los que participaron en este siniestro y alevoso negocio. Ojalá no haya influído el hecho de que Menem, ahora sea aliado táctico de la presidenta.
Apenas se conoció la resolución judicial, como debía ser, el ministro de relaciones exteriores del Perú, Rafael Roncagliolo, manifestó que este fallo nos causa malestar; intrepretando de esta manera al gobierno del presidente Ollanta Humala y el sentir de un importante sector de la ciudadanía.
Esta sentencia que salva a Menem, dejándolo libre de polvo y paja, sin embargo lo mancha de manera indeleble, porque la felonía no tiene olvido. El fiscal Mariano Borinsky que probó el contrabando, y que solicitó ocho años de prisión para Menem, ha señalado que la fiscalía apelará este fallo. ¿Cumplirá con su deber la justicia argentina?
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