Miércoles 21 de septiembre de 2011
Coincidiendo con el 47 aniversario del nacimiento de las FARC, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, emplazaba a la narcoguerrilla a un eventual proceso de paz. Son ya demasiados años los que Colombia lleva atenazada por la violencia, lastrando el porvenir de un país con muchísimas posibilidades. Bien lo sabe Santos, y de ahí su propuesta. Propuesta que pasa, como es lógico, por la desmilitarización de la banda terrorista y su renuncia a proseguir con su actividad criminal. Conviene recordar que las FARC aún mantienen secuestradas a varias personas -algunas de ellas desde hace años- en unas condiciones francamente inhumanas.
No sólo eso. Sus acciones armadas contra el ejército y la población civil se siguen llevado a cabo, aunque con menos frecuencia y efectividad que hace unos años, fruto de la lucha que contra ellos inició Alvaro Uribe. Controlan el negocio de la droga, y practican la extorsión a lo largo y ancho del país. Con todo, las FARC saben que su existencia es ahora más que nunca una huida hacia adelante. A la caída de sus principales líderes y el cúmulo de deserciones entre sus filas se une el hartazgo de una población que desea vivir en paz y libertad de una vez por todas. Por más que cuenten con el apoyo de Hugo Chávez, son conscientes de que no tienen futuro; un futuro que sí debería tener el pueblo colombiano. Un futuro sin FARC.
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