Opinión

De judicaturas amaestradas y brunetes mediáticas

José Antonio Ruiz | Viernes 23 de septiembre de 2011
España boca abajo y patas arriba, como la Teoría Especial de la Relatividad. Ya no respetan ni a Einstein. ¡Qué país! Últimas horas del “Bribón”. España, cuartel de “Brunetes” mediáticas -que diría Sopena ¡qué pena!-, está incandescente, osease, al rojo vivo. Vuelve el televisor en blanco y negro con el torito, la muñeca de la Legión y la carta de ajuste, en el doble sentido de la palabra. Sube el telón catódico y aparece un primo de Frankestein con estética retro de boxeador friki haciendo cundir el pánico entre la parroquia de incondicionales de Chuck Norris: «Prepárense, la censura ya está aquí». Y nos quejábamos del NO-DO. A los consejeros del Ente (empezando por la tal Rosario, que se supone que es la correveidile que rinde obediencia al PP), habría que confinarlos en el Alcatraz sacalugui-ano y tirar la llave por el desagüe, no tanto por su vocación intempestiva de censores, sino por sus disfunciones neuronales. ¡Más morro que un oso hormiguero! Ahora se retractan de su tercera intentona por meter mano en los telediarios por la vía de la intervención preventiva.

A todo esto, un diputado esquerr-ano que daña a la vista por su espesura viscosa con sólo verle el careto, aprovecha la última sesión del Congreso para encaramarse como un bisonte al estrado y pedir la excarcelación de Otegui. Pero ni Bono ni nadie tienen los huevos que hay que tener para hacerle tragar el micrófono al susodicho y llamar a los GEOS. Arrivederci, Zapatero. Sí, ya sé que no fuiste tú sino Eva quien perpetró el pecado original que tanto nos ha marcado la vida a los desheredados hijos de Adán; pero mira, machote, el sembrado en el que has dejado convertido el patio de vecinos. Por mí, que a usted le vaya bonito ahora que ya ha entrado en eso que los astrónomos de la NASA llaman la “órbita cementerio” en la que son aparcados los satélites artificiales antes de pegar el petardazo previo a su desguace. Y en estas que Rajoy guarda silencio cuando debería hablar, y habla más de la cuenta cuando toca callar. Ocho años ha tenido Mariano para meterle el dedo en el ojo a José Luis, como Mou a Tito Vilanova; y el día de su adiós le ha faltado señorío y clase para despedir a su predecesor como merecía, con toda la suerte de parabienes que deben desearse entre sí personas de bien. Si no fuera por el Betis, que nos está redimiendo de tanta iniquidad, y por Falcao, que está que se sale de tanto meterla, es como para hacer una locura gastrointestinal con el frasco de bicarbonato acudiendo raudo a regurgitar lo ingerido a los pies de la garita del centinela de Moncloa, aunque el pobre hombre no tenga culpa de ná.

La figura del comisario político debería ser declarada Patrimonio de la Humanidad. Antes creo en las abducciones extraterrestres o en el listo que ha querido pegar un pelotazo en eBay con la foto revirada en sepia de un vampiro inmortal que asegura que es el mismísimo Nicolas Cage, que en la independencia de los togados-políticos que en lugar de administrar justicia se han convertido en chaperos del poder. «Sin el Derecho el Estado se convierte en una cuadrilla de bandidos». Lo ha dicho el Papa Benedicto XVI en el Parlamento federal alemán.

Monumento a la argucia y al cambalache. Por obra y gracia de “la razón de Estado”, el Faisán lleva camino de convertirse en un dogma de fe o en un pajarraco disecado cuya única aspiración post mortem es encontrar un hueco en las vitrinas del Museo de Ciencias Naturales.
Optimista antropológico por imperativo legal, prefiero no obstante pensar que en otros tiempos aciagos de esta España negra también los hubo que quisieron enterrar en cal viva la pesadilla de los GAL. Y al final alguno de ellos tuvo que echar mano de los polvos de Talco porque fue a parar a la trena, «caminito de Jerez», pasando por Guadalajara.

Suerte que no todos los legatarios de las ocurrencias de Ulpiano y de las enseñanzas de Raimundo de Peñafort han renegado, no ya del principio de legalidad sino de la decencia misma que se supone inherente al Derecho Natural. Pero al igual que sucede en el prostíbulo periodístico, este cronista sigue sorprendiéndose al contemplar a mamporreros que presumen orgullosos de su “adhesión ideológica” con el Régimen que les siembra la pechera de medallas. La cosa huele que apesta a cloaca, como las alcantarillas de El Fantasma de la Ópera. Me da que con el tiempo también aquí, como en China, la rata acabará convirtiéndose en el primero de los doce animales del zodiaco ibérico.

No hace falta ser Rappel para alcanzar a imaginar lo que estará pasando para sus adentros el juez Ruz, a quienes sus compañeros del G-14 de la Audiencia Nacional cuando menos han ofendido en su prurito profesional al revocar el procesamiento de los tres polis imputados en el chivatazo y devolverle el sobrero averiado a los corrales para que se tome un poco más de interés en la búsqueda de indicios de peso pesado si es que de verdad no quiere verse expuesto de nuevo a una segunda desautorización. No le arrebatan el caso de las manos, pero en cierta manera menosprecian su trabajo al neutralizar el procesamiento de los presuntos soplones.

Si yo fuera él, cuando se me pasara el rebote por tan miserable malabarismo me tomaría una pequeña venganza. No estoy pensando en irrumpir como un elefante en el despacho del juez Bermúdez para arrearle un pescozón en la calva allí donde se le abrillanta el pescuezo por el efecto lumínico del aftershave. Como en las pelis de cine negro donde la venganza se sirve en plato frío, en lugar de llorar sobre la mala leche derramada llamaría a declarar, a no más tardar, a Rubalcaba y a su mozo de espadas, miembro honorífico aforado de la “Brigada Paracaidista” de Zamora. Y ya puestos, le enviaba también un motorista a Zapatero antes de que entre en trance mirando las nubes y se quede en Babia. De casta le viene al galgo, siendo como es casualmente la comarca donde en el Medievo los reyes de León se retiraban a descansar.

Nos reímos de las carencias democráticas pongamos por caso de Rusia, donde mil señoritas se han dejado sobar las tetas por un verraco televisivo (que, dicho sea al paso, de aquí a cincuenta años no va a necesitar Viagra porque ya va bien sobrado de estimulación sensorial), en señal de apoyo simbólico a Putin, que casualmente se licenció en Derecho y con nota antes de ingresar en el KGB, dispuesto a infringir la ley. Y resulta que aquí, en el oasis donde muchos presumen de recitar a Montesquieu por el día y asesinarlo por la noche, todavía se estila lo de la manta eléctrica zamorana, pues de no suceder lo que ha sucedido, se veía venir que alguno de los encausados por el Faisán hubiera acabado tirando de ella antes de comerse el marrón él solito. A más de uno (de los mismos que han pasado los últimos meses con el braguero puesto), le entra una pulmonía que se lo llevaba por delante.

A Pablo no le queda otra: tendrá que seguir practicando diligencias a la caza y captura de nuevos indicios que le permitan procesar otra vez a García Hidalgo, Pamiés y Ballesteros o que inclusive le conduzcan hasta otros pájaros que vuelan más alto y que bien pudieran acabar siendo los autores intelectuales del chivatazo. Si no los encuentra, tendrá que archivar la causa y envainársela. Claro que si en ETA hubiera de verdad algún “hombre de paz”, le enviarían un sobre lacrado a Ruz con todas las actas de la negociación con el Gobierno socialista. De aquí a entonces, nada pasaría si se cerrara la Audiencia Nacional y sus dependencias fueran reutilizadas para ampliar el pasadizo de los horrores del Museo de cera.

El domingo, en la Monumental de Barcelona, la última corrida. Redímenos a todos, José Tomás.
Carlos Boyero, en el diario El País: «Se van los tontos y llegan los malos». (…) ¿No será viceversa?

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