RESEÑA
Domingo 25 de septiembre de 2011
Andrea Molesini: Entre enemigos. Traducción de César Palma. Lumen. Barcelona, 2011. 336 páginas. 21,90 €
Literalmente “entre enemigos” se encuentra el joven Paolo tras la llegada de las tropas germanas al pequeño pueblo de la campiña véneta en el que vive, en plena Gran Guerra. Italia había permanecido neutral en el inicio del conflicto, pero en 1915 toma partido contra Austria y, por tanto, se une a la causa aliada. A finales de 1917, el ejército italiano sufrió una estrepitosa derrota en Caporetto con las tropas austro- húngaras y alemanas, lo que permitió la ocupación del norte del país y el sometimiento de los italianos a las tropas enemigas. En este contexto sitúa el escritor veneciano Andrea Molesini su primer título para adultos, seleccionado para el Premio Capiello como una de las cinco mejores novelas italianas del pasado año 2010 y considerada heredera de la influyente El Gatopardo, única obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.
Molesini es, además de traductor de clásicos anglosajones, autor de un buen número de obras destinadas al público joven –obtuvo por ello el Premio Andersen, en 1999. Su narrativa es sencilla pero profunda, y en Entre enemigos logra tratar con perfecto equilibrio de delicadeza y sinceridad una durísima situación. El adolescente Paolo narra en primera persona cómo se vivió en su entorno la entrada de los soldados alemanes, desvelando la peculiar forma de cada una de las personas que le rodean de afrontar el dolor del pueblo italiano. Sus afirmaciones combinan la inocencia del joven que apenas empieza a tomar conciencia de la dramática realidad con el asombro ante el propio y novedoso sentimiento de pertenencia a un pueblo: “Los ojos de las mujeres con los hatos al cuello, hatos inertes y hatos gimientes; no podía creer que el dolor de todo un pueblo que huía, al que hasta entonces no había sabido que pertenecía, pudiera tocarme tan hondamente y ser mío, ser mi dolor”.
Huérfano y educado por sus abuelos y tía, Paolo describe los días durante los cuales su casa sirve de morada de paso a algunos soldados alemanes. La inalterable tía María, la pareja formada por el excéntrico abuelo y la astuta abuela, los fieles criados y la enigmática Giulia comparten una atmósfera de ternura y tristeza, en la que la presencia del abuso y la muerte impuesta por la guerra es constante y se manifiesta a través de pequeños detalles, que son los que marcan las actitudes y comportamientos de los protagonistas. Así, las medallas de comunión de varias niñas colgando de los collares de unos perros suponen un perpetuo recuerdo de la matanza acontecida en la iglesia del pueblo, a pesar del intento de sus habitantes por borrarlo de la memoria colectiva. Sucesos que minaron inevitablemente la moral de un pueblo pero, a la vez, reforzaron el sentimiento de pertenencia a una misma causa, cuidadosamente descritos en una novela dura y bella.
Por Lorena Varela Villalba