Opinión

En honor de un cordobés: P. Cerezo Galán

José Manuel Cuenca Toribio | Lunes 26 de septiembre de 2011
Dentro de pocas semanas D. Pedro Cerezo Galán será investido como Dr. Honoris Causa por la Universidad de Córdoba. Personalidad relevante de la cultura española de la etapa democrática, este cordobés nacido en una tierra –el Valle de los Pedroches- que posee como una de sus señas de identidad la sensibilidad y el gusto por el pensamiento y la especulación doctrinal, atesora un cursus honorum que lo acredita como intelectual de selecta raza y escritor envidiable por la vastedad de sus saberes, amplia obra y ático estilo. Su genealogía espiritual lo vincula –a las veces, de modo muy directo- con algunos de los grandes nombres de la historia científica y literaria de la segunda mitad del novecientos: J. L. López Aranguren, Zubiri, Laín, Lledó, O. González de Cardedal, Federico Mayor y, en el extranjero, el muy reputado catedrático alemán Gadamer, de quien fuese el discípulo predilecto entre los muchos españoles que congregara el autor de “Acotaciones hermeneúticas”. Como alumno muy aventajado de los últimos cursos de Filosofía de la Facultad de Letras madrileña, tuvo el singular privilegio –única excepción en el bloque granítico y refulgente de sus participantes- de asistir a las míticas Conversaciones de Gredos, piedra miliar en muchos de los caminos biográficos que desembocaron en las zonas neurálgicas de la España de la Transición.

Establecido en el inicio de tan abrillantado periodo en el Alma Mater granadina, conjugó en la Ciudad de los Cármenes, las exigencias de una ciudadanía exaltante por hora tan venturosa con las de una docencia plenificante y una investigación fructuosa. Satisfecho el tributo que el ciudadano bien nacido ha de pagar a la política activa si es requerido para ello por el voto de sus convecinos –diputado en la segunda legislatura parlamentaria: 1982-86-, asentó definitivamente sus reales en la Academia. Desde tal decisión, su ritmo publicístico –siempre notorio- se aceleraría sin perder por ello –raro milagro- tonicidad y sustancia. Su estrecho conocimiento de los clásicos –Aristóteles, Platón, tan próximo a sus querencias poéticas, Spinoza, Kant y Hegel, pero también Heidegger y Ortega- y su apertura y cultivo de los “modernos”, condujeron por vía recta al logro de un quehacer, de, en definitiva, una opera magna, si no fuese por las radiantes jornadas que aun habrá de atravesar antes de la llegada del inevitable crepúsculo, esperado por él con el talante trascendente que impregna toda su tarea intelectual. El significado de la democracia en las sociedades avanzadas y postindustriales, la multiculturalidad y el diálogo entre civilizaciones, el canon del humanismo en el umbral del tercer milenio, la amistad y la enemistad, la fractura y la cohesión en la polis hodierna, Machado y Unamuno…, los temas se arraciman al aproximarse al trabajo acribioso al tiempo que dionisíaco por la anchura de su paralaje de un filósofo con numerosos y justos títulos no solo para merecer el reconocimiento de sus contemporáneos, sino igualmente, a buen seguro, el de las generaciones posteriores.

Andalucía, solar en no pocas ocasiones insuperablemente ingrato para el esfuerzo de sus mejores servidores, se ha distanciado –relativamente…- de tan oneroso hábito, en el aplauso y alta valoración del prestigioso miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Distinciones y premios en honor de su admirable ejecutoria lo han acompañado –reiteremos, con todo, con parsimonia- hasta nuestros mismos días. En el ya cercano 18 de octubre, el Prof. Cerezo Galán recibirá, en el marco por antonomasia de su vida profesional, el exvoto quizá por él más querido. Las buenas gentes de Córdoba, de la urbe hechizadora, de la Campiña, el Valle y la Sierra, así como las de otros lugares de su recatadamente entrañada España, se unirán a él ex totto corde….

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