RESEÑA
Domingo 02 de octubre de 2011
Silvia Avallone: De acero. Traducción de Carlos Gumpert. Alfaguara. Madrid, 2011. 368 páginas. 17,50 €
Silvia Avallone se suma a la nómina de escritores italianos cuyas obras se convierten rápidamente en auténticos fenómenos literarios. Ya sucedió el año pasado con La soledad de los números primos, de Paolo Giordano, y los almibarados y exitosos títulos de Federico Moccia siguen haciendo soñar a los lectores con románticos paseos y cenas a la luz de las velas. Hasta el momento, De acero ha cosechado ya un buen número de premios en Italia –entre ellos, el Premio Campiello, el Flaiano o el de los lectores del diario L’Express– y está ya proyectada su adaptación a la gran pantalla.
Sin embargo, Avallone nos propone un acercamiento muy distinto a la realidad italiana. En primer lugar, su novela no se ubica en una gran ciudad, como la eterna Roma o la vanguardista Milán, sino que escoge como escenario de la vida de sus protagonistas una humilde barriada obrera de Piombino, situada en la costa y desde la que se divisa Elba, isla de inevitables reminiscencias napoleónicas. Francesca y Anna, de catorce años, han nacido y crecido en un ambiente opresivo y hostil en el que nadie espera nada. El eje de la vida del barrio lo constituye la fábrica de acero que emplea a las familias de Via Stalingrado y que convierte la realidad de la zona en una experiencia tan dura como el metal resultante. Tanto Anna como Francesca se encuentran inmersas en una difícil situación familiar: en el caso de Anna, las fantasías empresariales de su padre truncan sistemáticamente la estabilidad familiar, mientras que Francesca ha de lidiar con un cabeza de familia que hace de la violencia su única forma de expresión y que encuentra enfermizo placer en la represión de su esposa e hija.
Para ambas jóvenes, las únicas vías de escape se encuentran en su mutua compañía y en la descarada explotación de sus encantos adolescentes. Aunque se consideran privilegiadas por el hecho de poder contar siempre con la otra y por causar la irrefrenable e instintiva atracción de los jóvenes de Via Stalingrado, el proceso de madurez que están iniciando pone a prueba no solo su relación, sino también la ingenua felicidad que solían encontrar en sus placeres diarios, como ir a la playa o relacionarse con chicos mayores que ellas.
La autora de De acero nos muestra en su novela que Italia no son solo encantadores pueblecitos de la Toscana, gentes familiares y amables y escenas idílicas al calor del hogar. Avallone pone el foco en la realidad de las zonas industriales, marcadas por la desesperanza, el tedio y, sobre todo, la desmotivación de los más jóvenes, que hayan su particular refugio en lo prohibido.
Por Lorena Valera Villalba