Cultura

Intruders: ¿Heredamos las pesadillas de nuestros padres?

crítica de cine

Domingo 09 de octubre de 2011
Juan Carlos Fresnadillo acaba de estrenar su último trabajo, un thriller psicológico protagonizado por el actor norteamericano Clive Owen que se pone a las órdenes del director español para interpretar al padre de una niña de doce años que sufre terroríficas pesadillas y que tendrá que enfrentarse al “monstruo” de su hija para conseguir que la paz vuelva a reinar en las noches de la, hasta entonces, tranquila y convencional familia inglesa de clase media.

¿Pueden heredarse las pesadillas? Esta es la cuestión entorno a la que gira buena parte del argumento de la cinta rodada en inglés, elegida para inaugurar la pasada edición del Festival de Cine de San Sebastián y que ha llegado a los cines este viernes precedida de una importante campaña de promoción. El tema, desde luego, es atractivo o, cuanto menos, inquietante, pero a estas alturas a nadie se le escapa ya que muchos hijos suelen desarrollar los mismos terrores que sus padres padecieron en el pasado. Y de este curioso legado resulta, además, bastante complicado deshacerse. En todo caso, en palabras del propio director al referirse al tema principal de la trama, “heredamos las virtudes de nuestros mayores, pero también sus miedos, sus obsesiones y sus fracasos”.

En el guión escrito por Nicolás Casariego el protagonista de las pesadillas es el más terrorífico “hombre del saco” que un crío se haya podido imaginar cuando le aseguran que, si no se porta bien, vendrá para llevársele. Enorme, oscuro, resbaladizo, se cuela hasta debajo de las sábanas y arranca al pobre chaval de la seguridad de sus padres y de su casa. En Intruders, el “Coco” está verdaderamente logrado, igual que si se hubiese construido a través de un retrato robot del hombre que todos hemos imaginado alguna vez como el que acecha cuando un niño se porta mal. Y, de repente, ha conseguido salir de nuestros malos sueños y de tanto jugar con lo que viene, igual que con el dichoso lobo, se ha convertido en realidad. Porque en Intruders, aunque el instinto maternal o paternal se convierta en la única fuerza capaz de ahuyentar al hombre malvado, el miedo que se lee en los ojos del niño, se descubre igual en los ojos del progenitor y es incluso más real, más cercano, porque sabe que no está soñando. Y si el niño presiente que quien le ha de salvar también tiene miedo, el temor se recrudece. Miedo que alimenta más miedo.

En el tercer trabajo de Fresnadillo, la acción se nos presenta aparentemente dividida en dos lugares y dos épocas distintas, que acaban uniéndose en un lógico final, quizás bastante menos inesperado de lo que una gran intriga como esta requeriría. Y ello, a pesar de que, en cambio, el resto del largometraje constituye un buen ejemplo de cómo ir dosificando el suspense para que no se sepa demasiado, pero se cuente, eso sí, con algunas claves importantes, por si al espectador le da, como tantas veces, por ir a su propio ritmo preguntándose si lo que acaba de imaginar será lo que verdaderamente acabe sucediendo en la historia.

Son dos, por tanto, las familias protagonistas. La primera está formada por una joven madre, a quien interpreta Pilar López de Ayala, y su hijo Juan, Izán Corchero, que viven en España e intentan llevar lo mejor que pueden las repentinas y terribles pesadillas nocturnas del crío, quien, de tanto estrés en la cama, acaba por encontrar como única salida escribir la historia del hombre del saco que viene para llevársele sin que él haya hecho nada para merecerlo y al que bautiza con el nombre de “Carahueca”. Años más tarde, Mia, la niña londinense hija del personaje interpretado por Owen, encuentra la historia de “Carahueca” y, desde el momento en que la lee, empieza a encontrarse con él dentro y, lo que es peor, también fuera de sus sueños. Sólo su padre es capaz de verlo igual que ella, y la incredulidad de la madre junto a la de los policías y psicólogos encargados de descifrar si el dichoso monstruo es o no de carne y hueso, serán los factores que precipiten el final de la historia.

Junto a Owen y López de Ayala, completan el reparto Daniel Brül, Ella Purnell, Carice Van Houten y Héctor Alterio, todos ellos al servicio de una cinta de corte clásico que consagra a Fresnadillo como uno de los jóvenes directores españoles con creciente proyección internacional que, junto a Juan Antonio Bayona, Rodrigo Cortés o Luis Berdejo, han atraído a conocidos actores extranjeros interesados en participar en sus proyectos. En el caso de Owen, el norteamericano ha confesado que antes incluso de que le llegara el guión de Intruders, ya se había fijado en el director canario por sus dos largos anteriores, “Intacto” y “28 semanas después”, de los que destaca la fuerza que destilan y su impecable factura visual, también muy presente en este su último trabajo.

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