Los Lunes de El Imparcial

Gabi Martínez: Sólo para gigantes

RESEÑA

Domingo 09 de octubre de 2011
Gabi Martínez: Sólo para gigantes. Alfaguara. Madrid, 2011. 408 páginas. 18,50 €

El capítulo sesenta y uno de Sólo para gigantes está encabezado por una frase de García Márquez: “Hay que estar siempre de parte del muerto.” Las citas, ya se sabe, de un tiempo a esta parte, se han convertido en un elemento literario de peso, tan importantes en cualquier entramado narrativo como el signo de exclamación o la letra ye. Las citas pueden ser innecesarias o improcedentes. A menudo son farragosas o pedantes, y nunca son inocentes. Entre otras cosas, desvelan la visión del autor sobre su propia obra.

No es casual que la cita de García Márquez esté extraída de Crónica de una muerte anunciada, libro con el que este Sólo para gigantes tiene una deuda evidente. Como en la novela de García Márquez, la muerte del protagonista se cuenta al principio y se anuda con el final. En el caso del colombiano se trata de hacer novela, así que se barre la intriga de un plumazo a partir de un arranque irrepetible (una de las mejores primeras frases de la literatura). En el caso de Gabi Martínez se trata de reconstruir una biografía, y de colocar al personaje bajo la sombra de un asesinato que recubre, persigue y, en cierto sentido, protege la figura de su biografiado: Jordi Magraner, un investigador español que dedicó su vida a la búsqueda del barmanu -el nombre que se le da al mítico yeti en las montañas del norte de Pakistán- y que murió asesinado por motivos desconocidos. En los dos casos, tanto en el del colombiano como en el del español, al final, se trata de instalar la narración en la tragedia. Ante los hechos consumados, el hombre se queda a solas con su destino. Retrospectivamente, todo tiende a unirse, todo puede interpretarse en torno al final.

Es destacable que, en una narración sobre la vida y la muerte de un hombre que dedicó buena parte de su vida a investigar sobre la existencia del yeti, éste ocupe relativamente poco espacio en el libro. Por supuesto, se habla de ello, pero no mucho más que de sus perros, de sus problemas económicos o de sus relaciones con las tribus locales. A Martínez, mucho más que el criptozoólogo, le interesa el hombre contradictorio que fue Magraner, un individuo irascible pero apasionado, injusto pero coherente, obstinado pero pertinaz. Hay que ponerse de parte del muerto. Gabi Martínez cumple la premisa, en ocasiones con excesiva fidelidad. De vez en cuando da la impresión de que se siente incómodo tratando de conciliar la objetividad con alguna forma de admiración (por momentos parece que también de piedad) hacia el retratado. Las partes más polémicas de la biografía de Magraner se tratan de forma un tanto elíptica, especialmente en lo que se refiere a sus ideas políticas (Magraner coqueteaba con el fascismo) y su comportamiento sexual (los rumores, imposibles de descartar, de conductas pedófilas).

La historia de Magraner, más allá de sus investigaciones, es interesante por las preguntas que plantea acerca del individuo, de sus relaciones con la naturaleza y con la sociedad, de la posibilidad de ser libre y rebelde y, mucho más interesante, de la conveniencia de serlo, no tanto desde el punto de vista personal -incluso egoísta- sino, sobre todo, desde un punto de vista ético y social. De forma recurrente, Martínez compara a Magraner con gigantes. A menudo cita a Milton. Aun bajo el peso de su terrible final, no podemos descartar la posibilidad de que Magraner sea el mismo diablo, aquel ser que -como Milton nos enseña y Martínez nos recuerda-, por encima de todo, ansiaba la libertad.


Por Miguel Carreira