Economía

Tercer Nobel a las expectativas racionales

Crónica económica

Lunes 10 de octubre de 2011
Thomas Sargent y Christopher A. Sims han recibido el premio Nobel de Economía. Como ocurre con pocas excepciones, este galardón va a parar a nombres desconocidos para el gran público. Las dos últimas excepciones son Paul Krugman, en 2008, y Amartya Sen, en 1998. Es la tercera vez que se premia a la escuela de las expectativas racionales.

Sargent es un desconocido para el público, pero es un apellido que conocen bien los estudiantes de Economía, pues es autor de un conocido manual de macroeconomía, que está entre los mejores. El apellido Sims resulta familiar sólo a quienes conocen la materia. Son el caso más típico de un Nobel de Economía: dos autores que han dedicado su vida a estudiar un aspecto de la teoría económica, y con gran apoyo en la investigación empírica. La ciencia económica que premia el Nobel responde a la idea de que la economía no es muy diferente de la física o de cualquier ciencia natural, y que se puede construir a base de ladrillos ahormados y forjados por sesudos investigadores, tras largos períodos de investigación. Hay excepciones, como la del citado Amartya Sen, Friedrich Hayek, Ronald Coase o Douglass North, pero no son los casos típicos del Nobel, aunque se encuentren entre los más interesantes.

¿Qué es lo que ha premiado el Banco Central de Suecia? La investigación de la relación empírica entre políticas como cambios en los tipos de interés o las tasas de impuestos y magnitudes macroeconómicas como la inflación o el PIB. Estos autores parten de la idea, como recoge la nota del Nobel, de que “la política afecta a la economía, pero la economía afecta también a la política”, en el sentido de que “las decisiones de política económica están afectadas por las expectativas sobre el desarrollo en el sector privado”. Es la tercera vez que se premia a las expectativas racionales. En 2004 fue reconocido con este galardón Edward C. Prescott junto con Robert J. Aumann y en 1995 Robert E. Lucas, considerado como el padre de la llamada teoría de las expectativas racionales. En un trazo grueso, esta posición vendría a decir que las decisiones adoptadas por la política económica, y sus efectos previsibles, son tomadas en cuenta por los agentes, lo cual a su vez modifica esas previsibles consecuencias de las medidas económicas.

Una idea característica de esta rama del pensamiento económico, es que “los bancos centrales no pueden rebajar permanentemente el desempleo por medio de una política monetaria laxa dado que la gente anticipará racionalmente una inflación futura y estratégicamente insistirá en mayores salarios a cambio de su trabajo, o mayores tipos de interés a cambio de su capital”. Esto choca con la pretensión de Keynes en la Teoría General de que se puede engañar a los trabajadores por medio de la inflación, porque ellos sólo se basan en los salarios nominales. Sus conclusiones tienden a señalar la ineficacia a largo plazo de las políticas monetarias, consideradas durante mucho tiempo como un instrumento eficaz en la lucha contra el paro. Cualquiera diría que esta posición está muy desprestigiada, viendo la política desaforadamente inflacionista de Ben Bernanke.

Se hecho, se puede considerar un premio antikeynesiano. De signo opuesto al de Paul Krugman, aunque las aportaciones de Krugman a la teoría económica, que pertenecen a su primera etapa como economista y no a su faceta más pública, poco tienen que ver con el economista de Cambridge. Como ejemplo, valga que Thomas Sargent dijo en agosto de 2010 que el plan de estímulo de Obama era “sorprendentemente naíf”. Y las razones que ofrece no sorprenderán, a estas alturas de la crónica, al lector: “Los políticos no pueden manipular la economía confundiendo permanentemente a la gente con sorpresas en la política”.

Mientras que Sargent se basa en las expectativas racionales, una idea que se puede rastrear hasta autores como Milton Friedman, también premio Nobel, o Ludwig von Mises, que a pesar de ser quizás el mejor economista del pasado siglo, no recibió ese galardón. El profesor Sims es autor de un conocido artículo, escrito en 1980, que basa sus conclusiones en lo que se conoce en el análisis como autoregresión vectorial. Según lo resume la noticia elaborada por el Wall Street Journal, respondería a la idea: “vamos a llevar a las estadísticas tan lejos como nos conduzcan, y averigüemos qué podemos extraer de los datos y qué no”. Si bien la labor de Thomas Sargent se basa en las normas que conviene seguir a la política económica, como señala el FT, “la investigación del profesor Sims se centra en lo que ocurre cuando las rompemos”. Como ejemplo de sus investigaciones, Sims ha hallado que una subida en el tipo de interés tiene efectos casi inmediatos sobre la producción, mientras que su impronta sobre la inflación no se hace patente hasta un año y medio más tarde. Ambos autores han realizado sus investigaciones de forma independiente a pesar de estar en un campo parecido.

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