Nacional

Zapatero después de la era Zapatero

se marcha convencido de que el tiempo acabará dándole la razón

Jueves 13 de octubre de 2011
El presidente del Gobierno sabe muy bien qué hacer cuando deje de serlo. De hecho, lleva unos meses perfilando la huida de la política a la sombra de Alfredo Pérez Rubalcaba, en primer plano desde el anuncio de su candidatura. Entiende el leonés que necesita desaparecer por el bien de su imagen y de su partido. También de su familia.

Una vez concluya el relevo en La Moncloa, no se sabrá de José Luis Rodríguez Zapatero por un tiempo. Su retiro se ubica en Eras de Renueva (León), en una vivienda sobre un terreno adquirido en 2008. No será diputado por primera vez desde 1986 y no tiene intención de escribir sus memorias, al menos mientras la herida de la crisis siga abierta.

Afirmó convencido que el tiempo le dará la razón. Su tesis es que sus políticas van más allá del presente y que el contexto no deja verlo. Opina que las consecuencias de la recesión podrían haber sido más graves –dijo recientemente- y que algún día los españoles serán conscientes de ello. Contempla como mayor éxito de su segunda legislatura haber evitado el rescate del país y como mayor frustración no haber frenado el paro.

Los socialistas achacan los resultados de las autonómicas y municipales y el previsible batacazo de noviembre a la traición del líder a sus votantes más que a la propia crisis o a la oposición del Partido Popular. Este hecho ha conducido incluso a Rodríguez Zapatero a perder el respaldo de los medios afines, que hablan del presidente anticlerical que nunca aprobó la ley de laicidad, del impulsor de la Memoria Histórica que no llevó a cabo sus promesas, del dirigente obrero que dejó de pisar Rodiezmo por su gestión del empleo y condiciones laborales, del abanderado de lo social que llevó a cabo recortes o del pacifista que acaba de ceder Rota a intereses estratégicos militares de Estados Unidos.

Desde León contemplará la gestión de la derrota. Destacados miembros del partido no valoran ya las posibilidades de victoria sino el abanico de escaños que mantendría vivo a Rubalcaba para encabezar la oposición y el que obligaría a una regeneración. El segundo escenario no es descabellado. El diario El País proyectó recientemente los resultados del 22-M en unas generales y las conclusiones no distan de los sondeos a pie de calle publicados por otros medios. El PSOE obtendría 117 escaños -52 menos que en 2008-. Mayoría absoluta e histórica del PP.

La patata caliente que deja el líder saliente es dramática. Además, salvo en Andalucía, con comicios en 2012, no hay barones socialistas. Son razones de peso para que Rubalcaba se haga la foto con Felipe González y no con Rodríguez Zapatero, que no se ha dejado ver en campaña. O no le han dejado. Sin embargo, el candidato no ha logrado vencer la falta de credibilidad ni distanciarse de su antecesor para la opinión pública.

En León, el expresidente asistirá en silencio al desarrollo de los acontecimientos. Promete no hablar mal de España ni de sus dirigentes, en clara referencia a José María Aznar. Pero no podrá evitar que hablen de él populares y socialistas, por distintos motivos, de la herencia recibida.

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