Economía

Nadie cree que España cumpla con el déficit

Crónica económica

Viernes 14 de octubre de 2011
Es la tercera vez que Standard & Poor’s rebaja la calificación de nuestra deuda, y ocupamos ya, a su juicio, el cuarto escalón en la escala. El análisis de S&P es muy claro. Ve “riesgos crecientes” en factores como el alto desempleo, el endurecimiento de las condiciones financieras, el alto nivel de endeudamiento del sector privado y las malas perspectivas de los clientes comerciales de España. Principalmente la Unión Europea, claro está. Además S&P tiene en cuenta la degradación de la consideración de nuestro sistema financiero del grupo 3 al 4, como dimos cuenta en estas crónicas.

S&P critica la escasa reforma del mercado de trabajo, que seguirá permitiendo un alto nivel de desempleo y frenando la recuperación económica. Se plantea la posibilidad de que un empeoramiento del acceso al crédito obligue a las empresas y familias a desapalancarse, es decir, a reducir su endeudamiento. Aceleraría el ajuste, a costa, eso sí, de acabar con cualquier posibilidad de crecimiento económico. S&P, como Fitch el pasado 7 de octubre, incide en las dificultades de nuestra economía para que vuelva al crecimiento. Y eso sin contar con la posibilidad de que Europa caiga en la recesión, que es una eventualidad que no está en su análisis pero que menciona porque la considera posible. Aunque no deja de tener en cuenta que el nivel máximo de endeudamiento de nuestro país estará todavía por debajo de nuestros socios.

Uno de los elementos que mencionan S&P y Fitch es la baja perspectiva de crecimiento, como hemos señalado. Hay una noticia de este mismo viernes que abunda en esas malas perspectivas. El ECRI ha publicado el Índice Económico Adelantado (LEI por sus siglas en inglés), que ha vuelto a caer en agosto, en 0,2 puntos, y es ya el tercer mes consecutivo de descensos. En el plazo de los últimos seis meses el índice cayó en agosto en 1,9 puntos, mientras que el descenso semestral de julio fue de 0,5 puntos. Y el índice LEI cayó en agosto 3,9 puntos en términos interanuales, mientras que la caída interanual de julio fue de nueve décimas.

Esta noticia se producía al tiempo que JP Morgan advertía a sus clientes, como cuenta este viernes el diario El Mundo, que España no cumplirá sus compromisos de déficit público para este año. El ejercicio pasado cerró con un desfase entre los gastos y los ingresos que supuso un 9,2 por ciento del PIB. España se ha comprometido a reducirlo al 6,0 por ciento. Los analistas advertían ya de que nuestro Gobierno no iba a ser capaz de lograrlo. Sus estimaciones apuntaban, hace meses, a que se desviaría por dos, tres, cuatro décimas. Así dicho pueden parecer pocas, pero en esas magnitudes son mucho dinero. Y, sobre todo, el incumplimiento es lo suficientemente grave como para arruinar parte de la credibilidad (es decir, del crédito) del Estado español. Lo grave es que la advertencia que hace privadamente JP Morgan a sus clientes es que España cerrará el año con un déficit del 8,5 por ciento. De tener base el análisis del banco de EEUU, nos enfrentaríamos a una situación muy grave.

El Financial Times sacaba este viernes una información que recababa la opinión de varios expertos sobre la situación del déficit en nuestro país. La opinión es coincidente. No llegamos. El Wall Street Journal ha coincidido en el mismo análisis. Dice en una información que “Una encuesta de analistas realizada entre 22 bancos internacionales e instituciones de análisis realizada por FocusEconomics previó que España tendrá un déficit del 6,5 por ciento este año”. Y recoge la opinión de Ángel Laborda, de Funcas, que deja su previsión en el 6,8 por ciento, “con riesgo de que sea aún mayor”.

El BCE se ha lanzado a comprar deuda española como si no hubiese futuro. Todo con tal de que no cunda el pánico. Lo cual es una señal de que acaso haya razones suficientes para que cunda el pánico. Llegará un momento, de seguir así los acontecimientos, en que esa situación se produzca. Y entonces no habrá BCE que nos salve.

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