José Antonio Ruiz | Viernes 14 de octubre de 2011
Si algo NO necesita este país, es otra chica que sueñe con una cerilla y un bidón de gasolina.
La España surréaliste que nos deja en herencia (envenenada) ZP va a ser, como el susodicho, incapaz de reconocerse a sí misma frente al espejo cuando se mire y vea su rostro desfigurado como el de la Vera Cruz almodovariana, puestos a comparar los días de iniciación del baranda en el arte del encantamiento de serpientes, cuando se enfundaba la chaqueta XXL con la percha dentro (Los santos inocentes: milana bonita), con estos otros de la pedrea que marcan de desencanto y exasperación el The End de un par de mandatos que, puestos en lo peor, ojalá hubieran guardado paralelismo con la candidez del personaje encarnado por Tom Hanks, el mismo que aun andando justito, al menos siempre estuvo en su sano juicio, consciente de sus limitaciones, y hasta inclusive hizo alarde de sensatez. I am Forrest, Forrest Gump.
Acabado el «coñazo» (Mariano dixit, un día que la lengua le perdió) de la extemporánea parada militar (anacrónica para quienes pensamos que hay otras formas menos obscenas de marcar paquete que acojonar al enemigo presumiendo del calibre del cañón y del grosor de las piezas de artillería), inmersos como estamos en la edificante lectura de la parábola samuelsoniana que glosa la disyuntiva entre los cañones y la mantequilla…, comienza el coñazo de la berrea electoral, con suerte dispar entre los aspirantes a la silla eléctrica.
El uno ultima su mudanza a Moncloa, rodeado de peones que le hacen los coros y se ofrecen para llevarle la furgoneta cargada con los muebles recién comprados en el IKEA; el otro, amortizada de antemano la derrota, se conformaría con pasar la travesía del desierto aposentado en Ferraz sin que nadie le birlara la cantimplora.
A pesar de los años de mili que llevan ambos contendientes en la garita del cuartel de San Jerónimo, chupándose imaginarias como caracoles, montando guardia con el CETME al hombro por si aparecen los malos que recreó en su imaginario el inolvidado Miguel Gila y se les ocurre atacar por sorpresa y a traición por la retaguardia aprovechando un Barça-Madrid…, dispuestos parecen estar Rajoy y Rubalcaba a emular a los maletillas que aguardaban a las puertas de Las Ventas a la espera de una oportunidad, ilusionados con la idea de abrirse camino en el mundo de la tauromaquia.
Lo que dice el gallego va a Misa do Gozo; allí por donde pasa le besan el anillo como si fuera su Santidad; sana a los enfermos imponiéndoles las manos; cuenta la leyenda que circula de boca en boca entre las gárgolas del Obradoiro que ya habla de tú a tú con Dios; en las plazas de toros le arrojan pétalos de flor al grito de ¡torero!¡torero!; las mamás de las adolescentes de NNGG le lanzan sostenes y piropos del tipo ¡macizo, llévame al cobertizo!; en los hogares del pensionista los jubilados le restriegan los décimos de Lotería por la chepa como si fuera el jorobado de Notre Dame; y hasta la sede de su partido se han desplazado palmeros venidos desde todos los recovecos de la España profunda, como si estuvieran de peregrinación en el Santuario de Lourdes, o fueran de romería al Rocío, para tocarle al nuevo macho cabrío la guitarra, la bandurria y lo que haga falta entre alboradas de alegría incontenible.
Está Mariano tan crecido, que ha perdido el tío la timidez de antaño, y ahora, una vez desinhibido, no se corta a la hora de arrearle a su señora un beso con lengua rodeado de la multitud que le jalea como si fuera Humphrey Bogart en El halcón maltés o mismamente el pavo real que anda suelto por el Zoo de Madrid.
En cambio a Alfredo -¡pobrecito mío!-, hasta Leonardo Da Vinci le ha salido diestro, o sea, más de derechas que la hija de Le Pen (rubia botellón como la Valenciano pero con cierta clase), y no encuentra forma de enderezar su calamitosa campaña aunque sus gurús más guasones le hayan sugerido que incluya a las gasolineras en su gira, que se rasure la barba para parecerse a George Clooney, o se ponga fundas en los dientes, como le aconsejan sus asesores, que un día de estos le acaban limando los colmillos como a Mitterrand y le aúpan unos taconazos de drag queens a ver si suena la flauta. Para perdidos, al río. Mucho me temo, no obstante, que ni con el as en la manga del comunicado telegrafiado de ETA va a salvarse del naufragio, pues cosas como esas sólo le pasan a James Bond en Casino Royale. Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras. Miguel Hernández, desde Orihuela con amor.
Mientras al uno sus incondicionales acabarán pidiéndole un hijo, el otro a lo sumo inspira compadecimiento entre quienes le quieren bien. Entretanto y por lo que pudiera pasar, Bono ya se ha sometido a un implante capilar, y presume de mata de pelo (un día de estos aparece por la hípica con una cola de caballo y relinchando), y la ministra del escudo anti misiles luce una dentadura tan lustrosa como la de la First Lady of the United States, Michelle Obama. Con las manos tan hechas a la bisutería, Felipe González hasta podría hacer un rosario con los dientes de marfil de Carmina, como dice la letra de El Emigrante de Juanito Valderrama.
De emigrantes quería también hablar, aunque fuera al paso, pues aunque no está demostrado, cualquiera diría que cuando Emilio Romero concibió El cacique no tuvo en mente a mi tocayo José Antonio Durán y Lérida, hijo predilecto de Andalucía y cliente del año del Hotel Palace Mahou cinco estrellas, que fue noticia en su momento por disponer de inodoro en cada habitación y construirse con hormigón armado, duro como el rostro de algunos asalariados de la teta pública a cuenta del contribuyente que cuando les traiciona el subconsciente dispensan a los electores ajenos trato de garrulos y catetos. Para Pepe, que parece que se pasa el día y la noche acicalándose hasta el punto de dar un poco de repelús, el 12 de octubre sigue siendo, de alguna manera, el Día de la Raza.
Como si fuera ayer, todavía recuerdo el programa especial de la cadena SER de las Elecciones Europeas de 1994. Andaba por entonces este cronista trabajando de radiofonista divino de la muerte en Murcia. Iñaki Gabilondo y Manuel Campo Vidal me dieron paso en busca de una explicación lógica tras conocer que Convergencia i Unió había sido la fuerza política más votada en el municipio de Ojós, el pueblo más pequeño de la Región. El secreto de tan surrealista resultado: la capacidad de persuasión de un tipo peculiar al que tuve el gusto de conocer, Bartolomé Bermejo, alcalde de la localidad durante cuatro lustros, que consiguió persuadir a sus paisanos de que CiU era el único partido político que defendía de verdad el Plan Hidrológico Nacional y Cataluña la tierra de adopción de muchos “ojeteros” que tuvieron que emigrar en busca del pan que le negaba la “tierra del pijo”, entonces, como ahora España, en estado de acoso y Dorribo.
Para muchos políticos, los votantes vienen a ser lo que las putas para los puteros: el idilio dura lo que un polvo, lo que se tarda en introducir el voto por la rajita de la urna. Después, si te he visto, ni me acuerdo.
Rubalcaba: «un político, un sueldo». El abajo firmante, que con el discurrir del tiempo se ha vuelto comprensivo con las debilidades humanas, se conformaría con que tuvieran vergüenza, la misma que le falta a los promotores de la Conferencia abertzale de San Sebastián. Que Eguiguren se haya prestado a este nuevo circo de la ignominia, entra dentro de lo normal; lo extraño hubiese sido lo contrario. Pero que Patxi haya cruzado el rubicón de tirarse al monte al frente del Partido Socialista de Euskadi secundado por unos fantoches venidos de fuera para actuar de «mediadores en el conflicto vasco en la cumbre de la paz», roza el estrambote. ¿Cuánto tiempo más van a seguir ofendiendo a las víctimas del terrorismo?
Base atómica de Rota. Vuelve la Sexta Flota. - ¿A dónde vas, marinerito? -preguntó la gaviota. –A Génova, donde Cristóbal Colón, que además de con el apéndice testicular, rima con Gallardón el campeón. Blanco, y en Botella. Verde que te quiero verde, Esperanza.
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