Sábado 15 de octubre de 2011
La intención de Esperanza Aguirre de ampliar el horario comercial tanto del mediano comercio como de algunas grandes superficies es, ante todo, una buena noticia para los madrileños. La experiencia de ampliación horaria en los comercios del centro histórico de la capital puso de relieve que no sólo acudían turistas, sino ciudadanos de a pie, por la comodidad que supone tener más disponibilidad de tiempo a la hora de hacer la compra. De hecho, las encuestas arrojaban un saldo muy positivo en cuanto al apoyo popular que se genera de esta forma; según la realizada por la Organización de Consumidores y Usuarios, casi el 80 por ciento estaría a favor.
El fin último de esta iniciativa no es sólo dar facilidades al ciudadano -que también-, sino dinamizar el consumo; algo, por lo demás, sumamente importante en tiempos de crisis. Una economía intervenida y cerrada es una receta de pobreza; impulsándola, el beneficio es generalizado. Pero el proyecto va más allá, pues se pretende igualmente agilizar la concesión de licencias, para incentivar a todos aquellos que pretendan crear empleo. Todo lo cual demuestra que, si hay voluntad, pueden hacerse cosas en pro de la reactivación económica. Y, de paso, aportar a los ciudadanos un valor añadido en lo que a comodidad se refiere. Eso es política de progreso. De verdad, no de pacotilla.
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