Alieto Guadagni | Martes 18 de octubre de 2011
Este domingo habrán elecciones en Argentina, si el candidato más votado obtiene más del 40 por ciento de los votos y también supera en 10 puntos al segundo más votado, no tendrá lugar una segunda vuelta electoral. Nadie duda que eso ocurrirá, de manera que la Presidente Cristina Fernández de Kirchner podrá asumir su segundo mandato el 10 de diciembre. Por primera vez en décadas las dudas no se refieren a quien ocupara la Presidencia, sino a cuál será su agenda de gobierno; hasta ahora la campaña electoral no ha servido para aclarar esta cuestión debido al escaso espacio dedicado a definir programas concretos de gobierno, ha primado una enunciación general e imprecisa de objetivos con los cuales nadie discrepa. Por ejemplo quien se atrevería a contradecir una propuesta tan loable como esta “Promover el crecimiento económico, estimular la producción y el empleo, eliminar la pobreza, asegurar la equidad en la distribución del ingreso, mejorar la salud pública y la educación y combatir el delito y el narcotráfico”. En el campo económico la nueva agenda deberá definir iniciativas frente a un panorama mundial y nacional, distinto al que prevaleció en el pasado. Señalemos que a partir del 2002 Argentina registra una sostenida expansión económica, por ejemplo el PBI trepo un 8,5 por ciento en el 2010 y este año apunta a una expansión del 7 por ciento.
Este crecimiento estuvo asentado en dos pilares, denominados los “superávits gemelos” (externo y fiscal), pero ambos se vienen deteriorando. Así por ejemplo en el 2006, el superávit comercial era equivalente al 5,8 por ciento del PBI y el de cuenta corriente externa alcanzaba a 3,8 por ciento; la reducción de estos superávits es muy acelerada ya que el comercial cae este año al 2,4 por ciento del PBI y, lo que es preocupante, la balanza externa en cuenta corriente ya es deficitaria en un 0,6 por ciento del PBI. Algo similar ocurre con la caja del estado, en el 2006 el superávit primario (antes de pagos de intereses de la deuda pública) era equivalente al 3 por ciento del PBI, mientras que este año se registra un déficit fiscal primario equivalente al uno por ciento. El debilitamiento de estos pilares, que fueron el basamento del crecimiento del PBI, es un dato que deberá ser tenido en cuenta por el próximo gobierno, que además enfrentara dos escenarios externos menos promisorios que en el pasado. El primero se refiere a la crisis fiscal y financiera, que se concentra no solo en Europa sino también en Estados Unidos y tiene alcances planetarios (por ejemplo el debilitamiento del crecimiento de naciones emergentes, como China); el riesgo para Argentina de esta crisis tiene nombre y apellido: el precio internacional de la soja, rubro que representa un tercio del total de las exportaciones; la recaudación tributaria (vía impuestos a las exportaciones) y la balanza de pagos no están en condiciones de admitir una sensible baja en el precio internacional de este producto, tan demandado por China.
El segundo escenario internacional es Brasil, principal socio comercial de Argentina, cuyas compras son 30 por ciento mayores a las de toda la Unión Europea, y más del doble de lo que compra China. En los últimos años la prosperidad brasileña se derramo hacia Argentina, no solo por su alto ritmo de crecimiento sino también por la apreciación del real frente al dólar, pero el caso es que las cosas se dieron vuelta en las últimas semanas: el real se devalúa frente al dólar y la economía brasileña se enfría rápidamente. Además, en el frente interno el nuevo gobierno tendrá que prestar atención a dos cuestiones que se pueden complicar. En primer lugar el retroceso energético, debido al cual Argentina dejo de ser un exportador neto y hoy camina por el sendero de crecientes y costosas importaciones de gas y derivados de petróleo. Finalmente está presente la amenaza de la inflación (similar a la de Irán y Venezuela) que deteriora la capacidad competitiva en la arena internacional de muchas actividades, ya que como los costos en pesos trepan más rápido que la devaluación del peso, estos mayores costos en divisas borran muchas producciones locales de los mercados externos. La ventaja que tendrá el nuevo gobierno es que, como seguramente será el mismo, ninguna de estas cuestiones será una sorpresa.
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