Opinión

El amigo francés, lo que le faltaba a Rubalcaba

José Antonio Sentís | Miércoles 19 de octubre de 2011
Hay que reconocer que Rubalcaba está rodeado de amigos. Aunque, para amigos así, mejor sería que tuviera enemigos. El último apoyo que ha recibido ha ido absolutamente demoledor. El del también candidato socialista, aunque para las presidenciales francesas, François Hollande, que ha deseado al español que Eta le ayude en las elecciones españolas con un anuncio de disolución.

“La derrota de Eta sería una gran victoria de Rubalcaba”, ha dicho el galo, probablemente más influido por los acuerdos de Pétain que por las aventuras de Astérix, o lo que es lo mismo, más cercano a la capitulación que a la defensa de la dignidad frente a la agresión.

Naturalmente que la victoria sobre Eta ayudaría a Rubalcaba, y a usted y a mí. Lo que a ninguno nos ayudaría es el acuerdo con Eta para que no haya vencedores ni vencidos, que es en lo que estamos. Y en lo que están los palmeros del terrorismo vestidos con togas angélicas y venidos, y pagados, de allende los mares para desplegar el buenismo, que es una ideología en sí misma que, por carecer de principios sino soñarlos, siempre beneficia a los agresores y perjudica a las víctimas, además de ser en sí misma asesina de los conceptos de justicia y libertad.

El colega francés de Rubalcaba es un genio del marketing político, al menos en lo que a España concierne. Porque si aquí hay mucha gente con la mosca en la oreja por si los socialistas españoles intentan con sus gestos negociadores y facilitadores que Eta les eche una mano (lo que ellos niegan con fruición), lo que faltaba es que llegue un vecino y diga: en efecto, lo que le conviene al PSOE es que Eta avale su candidatura con su promesa de disolución, aunque sea con condiciones.

Tantos días sosteniendo que los críticos al PSOE, esencialmente el PP, “meten el terrorismo en la campaña” para que llegue un inocente francés y lo diga bien clarito. La baza del terrorismo es la de Rubalcaba. Lo que explicaría por qué se ha acogido con aprobación socialista a los mediadores internacionales, por qué se ha legalizado el brazo político de Eta, por qué ha entrado en las instituciones, por qué va a ir al Parlamento de la Nación.

Cada día queda más claro que toda la estrategia socialista se resume ya en esto, al menos según analiza el amigo francés de Rubalcaba: lograr que Eta anuncie su final, a sabiendas, porque cualquier niño de pecho lo sabe, de que el anuncio no tiene por qué ser ese final, sino sólo la apariencia de éste, siempre condicionado a las concesiones que Eta consiga a cambio. En suma: Paz por votos.

Se puede negar la mayor, sin embargo. Hay tanto resquemor en España sobre el terrorismo que es difícil que cale en la opinión pública ese asunto, porque los españoles saben que además de asesinos, los etarras son manipuladores. Y digo manipuladores, y no mentirosos, porque dicen la verdad cuando plantean que terminaría su “lucha armada”, siempre, naturalmente, que el Estado acepte sus exigencias. Y no necesariamente todas de golpe. Basta, como diría un revolucionario, con dar dos pasos adelante por cada uno que se dé para atrás.

Ahora, esa estrategia, que para nadie ha estado oculta, porque los etarras son grafómanos impenitentes y lo escriben todo, les está reportando progresivos beneficios. Dieron la batalla para impedir el aislamiento político, y lo lograron. Buscaron la legalización con todo tipo de subterfugios, y la consiguieron. Tardaron cincuenta años para lograr mediación internacional, y ahí la tenemos. ¿Por qué razón no van a lograr otras aspiraciones, como la excarcelación de los presos, la negociación política o la discusión “democrática” sobre la autodeterminación?

El mundo nos ve hablando de tú a tú con los terroristas. Tal vez ese mundo crea que ello es muy rentable electoralmente, pero en nuestros pagos hay que tragar mucha quina para asumirlo. Tanta quina como para que difícilmente esa dieta ayude a decidir el voto.

En realidad, si las esperanzas de un partido se basan en lo que Eta diga o no diga, apañado va ese partido. Esto, el amigo Hollande no lo sabe, ni tiene por qué saberlo. Pero el optimista galo ha tenido la virtud de dejar en cueros a su colega español, lo que no sé si merece de él especial agradecimiento.

Y Eta, y todo su mundo, encantados, porque van como tiros. Dentro de nada, los veremos como candidatos al Nobel de la Paz, que siempre ha sido muy sensible a los gestos de los terroristas. No sin antes recorrer las calles de Bilbao en triunfo, justo un minuto antes de empezar la verdadera purga, la de los otros nacionalistas.

Un minúsculo grupo armado contra todo un Estado. Su victoria era imposible, salvo por una cosa: la rendición preventiva de su adversario. Hacía falta mucha cobardía, pero de esa prudente virtud disponemos a raudales en España.

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