Tras la muerte del Principe Heredero y la hospitalización del rey
Domingo 23 de octubre de 2011
La muerte del Príncipe heredero Sultan bin Abdulaziz y la hospitalización prolongada del rey Abdulah bin Abdulaziz ha precipitado la sucesión dinástica en Arabia Saudita.
La muerte del Príncipe heredero Sultan bin Abdulaziz y la hospitalización prolongada del rey Abdulah bin Abdulaziz, ponen al orden del día la sucesión dinástica en Arabia Saudita y el imparable ascenso de los príncipes de la segunda generación a los centros del poder dinástico.
A sus 83 años el heredero del trono saudí no ha resistido al cáncer de colon, a pesar de su tratamiento y operación quirúrgica en la clínica Presbiteriana de Nueva York en el mes de julio pasado. Su hermanastro, el rey Abdulah bin Abdulaziz, de 87 años, también sigue hospitalizado. Aunque la operación que ha sufrido de un ligamento estabilizador de la tercera vértebra en un hospital de Ryadparece haber salido bien, su avanzada edad no le otorga un pronóstico optimista. Ya había sido operado hace un año en Nueva York de una hernia discal. Ambos, el rey y el fallecido heredero, han pasado largas convalecencias en sus palacios de Marruecos.
De este modo, el segundo en la sucesión tras el fallecido Sultan, es el ministro del Interior Nayef bin Abdulaziz, algo más joven que su hermanastro. Con 78 años, Nayef se perfila como candidato a ocupar a corto plazo el trono saudí. Si bien es el Consejo de la Beia, que lo componen 35 príncipes incluido el rey, los hijos y algunos nietos de Abdulaziz, quien deberá decidir en última instancia la designación del rey.
La peculiaridad de la estructura del poder saudí consiste en un original equilibrio entre los diversos miembros de la primera generación, hijos del rey Abdulaziz, que se reparten los puestos claves de la cúpula del Reino. La mayoría de especialistas en la cuestión saudí consideran que el poder no es piramidal y culmina en el rey, sino que lo detenta la familia, en cuyo seno coexisten diversos clanes.
El más importante es el llamado clan sudeiri, formado por los príncipes hijos del fundador del reino moderno de Arabia Saudita con cuatro de sus veinte esposas pertenecientes a la tribu. Formando parte de este clan se encuentran además del difunto príncipe heredero Sultan bin Abdulaziz, sus hermanos Nayef actual ministro del Interior; Salman gobernador de Riad; Sultan ministro de Defensa; Saud ministro de Asuntos Exteriores; Turki, embajador; Ahmed Salman, viceministro del Interior y encargado del cuerpo de la policía; y Abderrahman, viceministro de la defensa, entre otros. El rey Abdalah pertenece por el contrario al clan tribal de los chammar.
Pese a tener su origen en clanes tribales diferentes, la familia real saudí mantiene una unión que ha superado todas las crisis y enfrentamientos habidos desde el fallecimiento del fundador de la Arabia Saudita actual, el rey Abdulaziz en 1953. La solidez de los lazos familiares, establecidos por un equilibrio de vínculos tribales, religiosos, políticos y patrimoniales, es lo que ha dado estabilidad al reino wahabita.
Aunque el nuevo príncipe heredero es Nayef bin Abdulaziz, deberá obtener el beneplácito del Consejo de la Beia, - anteriormente según la Ley de 1992, el rey era elegido por el Consejo de la Familia y era ratificado por el Consejo de Ulemas – aunque se cree que su acceso al trono no planteará problemas insuperables. La designación del nuevo rey por el Consejo de la Beia es algo nuevo en Arabia Saudita. Este organismo fue instituido en 2006 por el actual rey Abdaláh, y deberá ejercer su prerrogativa por primera vez cuando el trono quede vacante.
El hasta ahora Príncipe heredero Sultan era considerado como muy pro-occidental, estrechamente ligado a Estados Unidos y a Gran Bretaña, en particular por su cargo de ministro de la Defensa que ha ocupado casi medio siglo. Con su muerte, queda vacante no sólo la cabeza del ministerio, sino el puesto de un nuevo heredero al trono.
El pretendiente Nayef bin Abdulaziz tiene carisma de nacionalista conservador. Durante los 35 años en que ha dirigido el ministerio del Interior ha debido hacer frente a innumerables situaciones de crisis provocadas unas por causas internas y otras por los efectos sobre el reino de crisis internacionales y regionales.
El reino ha debido hacer frente a las consecuencias de la revolución jomeinista en su vecina Irán; a la invasión de Kuwait en 1990 por las tropas de Saddam Hussein y la consiguiente guerra del Golfo, con la intervención de tropas norteamericanas, nunca bien vistas por las poblaciones árabes; al crecimiento y las operaciones del islamismo radical; al hundimiento del régimen baasista iraquí en 2003; y a las amenazas de la nuclearización de Irán con el consiguiente potencial desestabilizador en la región. En el plano interno, el ministro del Interior fue el encargado de mantener el control y el equilibrio social.
A cargo de Nayef bin Abdulaziz ha corrido también la gestión de la crisis suscitada por las reivindicaciones y protestas de los chiitas saudíes. Estos constituyen entre el 10% y el 15% de la población del reino que cuenta con 18 millones de súbditos, y desde hace años vienen reclamando derechos sociales, políticos, económicos y religiosos iguales que el resto de la población. El ministerio del Interior asumió el riesgo de amnistiar algunos dirigentes chiitas exiliados o asignados a residencia, y negociar con ellos. Algo que hizo también con líderes islamistas del movimiento sunita Sahwa cuyas prédicas deslegitimaban a la monarquía en los años 90.
La última de ellas ha sido las movilizaciones originadas en el país al calor del “despertar árabe”. El reino lanzó una campaña de comunicación, disuasión e intimidación de la opinión pública. El titular de Interior fue tajante: no se permitirán las manifestaciones; todo aquel que sea detenido participando en las protestas le caerá una multa de varios miles de riales y podrá ser condenado a cinco años de cárcel.
Sin embargo, además de la disuasión por el despliegue de fuerzas de seguridad, las Autoridades del reino recurrieron a la disuasión religiosa. Altos responsables del aparato religioso emitieron comunicados prohibiendo las manifestaciones contra “Wali el Amr”, es decir la familia real. En los sermones de las mezquitas del viernes se abundó en la misma línea. Y hasta el Alto Comité de Ulemas publicó un comunicado el 6 de marzo en el que declaraba las manifestaciones ilegales y preconizaba el diálogo.
El reino de Arabia Saudita fue creado en 1932 por la dinastía Al Saud. Desde la muerte de Abdelaziz al Saud su fundador en 1953, se han sucedido cinco de sus hijos a la cabeza del reino. Sus otros hijos son todos ellos octogenarios. La cuestión del relevo por una segunda generación sin embargo parece aún prematura.
Algunos de los príncipes nietos del fundador Abdulaziz ocupan hoy puestos importantes en la pirámide del poder. La Guardia Nacional, un cuerpo armado reclutado entre las tribus y que goza de autonomía respecto al ministerio de Defensa y del Interior, es dirigida desde el año pasado por uno de los hijos del rey Abdulah, Meteb ben Abdulah ben Abdulaziz, un príncipe de segunda generación, nombrado ministro de Estado. La Guardia Nacional tiene poder para controlar cualquier desestabilización interior proveniente de la sociedad civil e incluso hacer frente a un levantamiento militar.
Otro príncipe de la segunda generación, Mohamed bin Nayef, hijo del probable pretendiente al trono, es viceministro del Interior y lleva el control de la lucha antiterrorista, junto con el jefe de los servicios de espionaje Mugrim bin Abdulaziz, hermanastro del rey. Si bien este último, Mugrim, se ocupa más de la “amenaza exterior”, que de combatir al grupo terrorista Al Qaeda.
Otro de los príncipes emergentes es el hijo del fallecido Heredero, Jaled bin Sultan, que ha dirigido con éxito los combates armados contra la insurrección huzista en 2009, en la que una alianza de tribus chiitas zayditas con grupos que se reclaman de Al Qaeda. La insurrección tuvo lugar en el norte de Yemen y amenaza con extenderse a Arabia saudita.
En fin, otro príncipe de la segunda generación hijo también del fallecido Herederoes Bandar bin Sultan, que has sido muchos años embajador en Estados Unidos. Fue nombrado Secretario General del Consejo de Seguridad nacional en 2009.
La evolución de la crisis en Yemen es crucial para el futuro político a corto y medio plazo en Arabia Saudita. La gestiona Nayef bin Abdulaziz, quien al parecer es partidario de un acuerdo en provecho de Ali Mohsen Saleh al-Ahmar, el general rebelde que se pasó a la oposición al presidente Abdalah Saleh el 20 de marzo. Si bien Ryad dispone de otras alternativas por sus lazos con otras tribus yemenitas como los Bakil, y hasta con los islamistas de Al Islah, emparentados con los Hermanos Musulmanes.
El ministro del Interior Nayef es igualmente quien ha llevado la delicada gestión de los “exiliados de lujo”, del primer Ministro pakistaní Nawaz Sharif, en el año 2000; y anteriormente del dictador ugandés Idi Amin Dada que murió en Arabia Saudita en 2003. También gracias a él, el dictador tunecino Zine Ben Ali y su mujer, han sido acogidos como exiliados en Yeda, una ciudad saudí del Mar Rojo. La “generosidad” de Nayef bin Abdulaziz tiene un límite, y los acogidos de lujo no pueden hacer declaraciones políticas, ni comunicarse con sus seguidores, y tampoco utilizar su residencia como centro de reuniones. En suma, una prisión dorada, que tiene muy en cuenta el papel que juega Arabia Saudita en el mundo árabe y musulmán.
TEMAS RELACIONADOS: