Opinión

Zigmunt Bauman: la modernidad líquida del terrorismo

Juan José Laborda | Domingo 23 de octubre de 2011
Zigmunt Bauman estuvo en Madrid para pronunciar una conferencia cuyo título fue: “Tiene futuro la solidaridad”. Este profesor emérito de la Universidad de Leeds (GB), premio Príncipe de Asturias 2010, se ha hecho famoso con su tesis respecto a la “modernidad líquida”. Con ese concepto, Bauman explica cómo la modernidad globalizada de nuestra época tiene características líquidas: todo es poco firme, flexible, flotante, sin reglas, desregulado, sin certezas, sin planes de futuro, constantemente adaptándose al continente de la economía, y un largo etcétera…Esa liquidez ha sustituido a la solidez del mundo construido por la Ilustración y la Ciencia moderna positivista. Se manifiesta lo mismo con la precariedad de los empleos, con el amor de las parejas (que es un contrato entre socios), o con la celeridad de los acontecimientos que no duran en el recuerdo casi nada…¡Todo se evapora!

Los medios de comunicación se han comportado de manera líquida con los acontecimientos referidos a ETA. Subidos en la ola de lo sensacional (la ola es liquida, aún más si es metafórica), he escuchado en dos programas de radio distintos, lo siguiente: ¿te acordarás de que estabas haciendo cuando ETA anunció que dejaba la violencia? Lo que ocurría fue que para entonces la gente empezaba a olvidar la Conferencia de Paz de San Sebastián (el teatral y espectacular introito de la posterior declaración de los terroristas encapuchados). Una de las características que se pueden encontrar en los ejemplos de Zigmunt Bauman es la rapidez con la que pasa el tiempo en la globalización comunicativa. Renunciando a seguir profundizando seriamente en el fenómeno, lo que parece cierto es el triunfo póstumo del estilo radiofónico de Encarna Sánchez. Hasta locutores que emplean a eminentes intelectuales en sus programas, sucumben a la liquidez de las sensaciones de nuestra época.

Me ha puesto de mal genio el optimismo generalizado con la declaración etarra, en los principales medios de comunicación. Tampoco comparto el enfoque paranoico de aquéllos que siguen viendo en los acontecimientos una oscura conspiración entre el Gobierno y la banda terrorista. Lo que yo preveo, más allá de que la banda no se ha disuelto y que sigue conservando sus armas y explosivos, es que todo ese espectáculo liquido-teatral favorecerá la campaña electoral de Bildu, y de toda la constelación que ha apoyado a ETA.

¿No sería necesario que los partidos identificados con el Estado de Derecho, es decir, con la Constitución vigente, ofrecieran conjuntamente a los ciudadanos un compromiso claro para mantener nuestro ordenamiento constitucional? No es porque éste corra peligro con el crecimiento electoral de Bildu. En absoluto. Mi propuesta prevé dos acciones políticas o institucionales:

Primera, una necesaria pedagogía política de los partidos en estos propicios días electorales: convendría recordar cuáles son los límites constitucionales en orden a conceder amnistías, otorgar la independencia a cualquier provincia española, etcétera. Un cierto pensamiento (líquido) puede hacer pensar que sólo la Constitución de los Estados Unidos tiene esos (sólidos) límites: Kofi Annan, Pierre Joxe, Bertie Ahern y los demás “facilitadores”, no tenían pinta de saberlo. Es comprensible, pues ninguno habla castellano (ni vasco), y al fin y al cabo sólo iba a durar 3 horas “su Conferencia” en el palacio de Ayete, en San Sebastián. La opinión pública nacional, aunque tiene las ideas más claras, pues tiene más reposo que la que tuvieron esos clarividentes ex-dignatarios extranjeros, agradecerá que sus partidos le informen de las ideas que tienen sobre nuestro Estado de Derecho: la Constitución de 1978.

Segunda, quizás de esta manera cunda una menor euforia entre los que creen, como Bildu (y demás expectantes que siguen sus evoluciones político-mediáticas), que, después de la Conferencia de Ayete (inolvidable palacio), y el comunicado de ETA, sólo falta un pequeño empujón para superar “el Estado español” (una jaula, como se sabe, para las nacionalidades sufrientes).

La falta de compromiso es una de las características de esta modernidad líquida. Los sentimientos, y las emociones, acompañan siempre a esa carencia. Esa sentimental actitud, para Zigmunt Bauman, conduce a la destrucción del Estado, que se basa en la solidez del Derecho. Puede que en todos los casos no sea premeditado, sino consecuencia del desconocimiento, de la falta de imaginación, o de la inexperiencia. Pero lo peor del daño es que será irreversible.

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