Alieto Guadagni | Lunes 24 de octubre de 2011
El triunfo electoral de Cristina Kirchner es histórico, no solo por su altísimo apoyo popular, sino también por la gran distancia con respecto al segundo más votado, 53 por ciento versus apenas el 17 por ciento del socialista Binner. Recordemos que cuando Perón regreso de su exilio en España fue electo en 1973 con el 62 por ciento, pero su oponente Balbín obtuvo el 25 por ciento. Cuando finaliza en 1983 el periodo militar, Alfonsín es electo con 51 por ciento de los votos, pero su oponente el peronista Luder obtiene el 40 por ciento. En la elección del 2007 cuando Cristina Kirchner fue electa por vez primera obtiene 45 por ciento de los votos, mientras que su oponente Carrió llega al 23 por ciento.
O sea que ahora comienza el segundo mandato una Presidente electa no solo con una votación record desde la restauración democrática, sino que también con una oposición totalmente fragmentada. Esta elección le asegura al Poder Ejecutivo un cómodo control del Congreso y lo, que puede ser un tema conflictivo, abre la puerta para una eventual reforma constitucional, que requiere 2/3 de apoyo en ambas Cámaras.
Este resultado electoral es consistente con la actual coyuntura económica; desde la restauración democrática en 1983 existe una clara correlación entre coyuntura económica (empleo, producción y consumo) y preferencias electorales. La recesión es fatal siempre para el oficialismo de turno, mientras que con expansión económica es difícil para el gobierno perder una elección. Salvo que existan en discusión temas muy profundos de carácter cultural (hoy inexistentes) que afecten creencias arraigadas en la población, es difícil que el grueso del electorado no se oriente según los vientos de la coyuntura económica ahora. Recordemos que la hiperinflación del 89 abrió las puertas para la elección del opositor Menem y la derrota del oficialista Angeloz,mientras que la recesión del 99 sepulto al oficialista Duhalde quien fue derrotado por el entonces opositor De la Rúa, a quien el colapso de la convertibilidad cambiaria expulsa de la Casa Rosada en Diciembre del 2001.
La expansión económica a partir del 2003 (elección de Néstor Kirchner) aseguro el primer triunfo electoral de Cristina Kirchner en 2007, mientras que el nivel de consumo y empleo y buen nivel de actividad productiva acaban ahora de ratificar su gestión con este significativo triunfo. Pero más allá de una visión de corto plazo de la buena situación económica, existen razones de envergadura que no harán fácil la nueva gestión (amenaza inflacionaria, evaporación de los dos superávits gemelos: fiscal y externo, fuga de capitales, perdida del autoabastecimiento energético, enfriamiento del nivel de actividad).
Es previsible pensar que en el inicio de la nueva gestión se encaren estos preocupantes desafíos con las recetas que se han utilizado hasta ahora, y que el gobierno está plenamente convencido que son exitosas, es decir más regulaciones y creciente estatismo; esta opción ya tiene nombre y se denomina “la profundización del modelo de crecimiento con inclusión social”. Además, la situación internacional, particularmente en Europa y en Estados Unidos, no augura un futuro promisorio desde el punto de vista del nivel de actividad, mientras que al mismo tiempo existe un riesgo adicional para Argentina causado por el enfriamiento acelerado de la economía brasileña y la peligrosa devaluación del real. En un escenario de dificultades económicas y reclamos de austeridad fiscal, el Poder Ejecutivo dependerá del apoyo del poder feudal de los gobernadores de provincia. Cada vez que esto ocurrió en el pasado el poder político comenzó a girar de la Casa Rosada hacia las casas de Gobierno de las 24 provincias. Pero hoy esto todavía no preocupa, ya que es un día de entusiasta celebración para el oficialismo.
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