Opinión

El esperpento del caso “Marta del Castillo”

Miércoles 26 de octubre de 2011
La celebración del juicio por el crimen de Marta del Castillo sigue despertando una gran expectación. El cuerpo de la joven sigue sin aparecer, los implicados continúan practicando una calculada estrategia de confusión y, a día de hoy, la incertidumbre es la nota predominante. La alarma social generada es totalmente comprensible, no sólo por la naturaleza del delito, sino por las circunstancias que rodean a sus autores. Es precisamente éste, el grado de autoría de los distintos encausados, uno de los puntos de fricción más significativos, ya que resulta muy complicada desenredar la trama que entre todos parecen haber urdido.

Todo esto pone de manifiesto lo complicada que resulta en ocasiones la administración de justicia; o lo que es lo mismo, no es fácil hacerlo sin ser profesionales quienes se ocupen de ello. Bien es verdad que la ley delimita con precisión cuándo ha de haber jurado y cuando no, pero es un hecho que determinados casos son prejuzgados antes de tiempo y, de haber mediado aquí jurado, éste sería uno de ellos. Al mismo tiempo, los servidores públicos -jueces, fiscales y policías- que se han encargado de la investigación han dado una imagen muy poco eficaz, pues se han visto sobrepasados por los manejos de un puñado de adolescentes. Y por más que nuestro sistema penal sea en exceso garantista -que lo es-, no pueden echarse balones fuera acusando al empedrado. Porque con este proceder se hurta a la sociedad entera un derecho fundamental, el de la tutela judicial efectiva, contenido en el artículo 24 de la Constitución.

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