Crítica de cine
Sábado 29 de octubre de 2011
Tintín, el periodista de investigación más famoso de la historia, ha llegado a la gran pantalla europea este fin de semana en una flamante versión ideada por el genial Steven Spielberg y producida por el no menos genial Peter Jackson, creador de “El Señor de los Anillos”, en la que es su primera colaboración juntos.
Más de 700 salas de todo el país ofrecen desde el viernes una espectacular versión cinematográfica de "Tintín" realizada en 3D y con el sello inconfundible e insuperable del gran maestro del cine de aventuras, Steven Spielberg. Sin embargo, ni siquiera para este gran hombre de Hollywood resultó tarea fácil trasladar las aventuras del mítico personaje creado por Hergé en 1929 y han tenido que pasar 30 años para que el proyecto lograra reunir todos los elementos imprescindibles que convirtieran el sueño en realidad. Cuenta el propio director norteamericano que se topó con Tintín por casualidad durante un viaje a París en 1981 con objeto de promocionar la primera entrega de otro de sus grandes héroes, el carismático Indiana Jones, “En Busca del Arca Perdida”. No lo conocía y después de leer “Las siete bolas de cristal”, Spielberg se quedó tan fascinado que enseguida le vino a la cabeza su adaptación al cine. Sin embargo, su inmersión en otros proyectos hizo que ni siquiera tuviera la ocasión de conocer a Hergé en persona, ya que el ilustrador belga falleció casi dos años más tarde, precisamente cuando Spielberg se encontraba rodando la segunda entrega de Indiana Jones. A pesar de ello, la viuda de Hergé cedió los derechos del comic tal como había querido su marido, fascinado a su vez por el personaje que interpreta Harrison Ford.
Aún así, no había llegado todavía el momento. Faltaba, entre otras cosas, el guión – siempre ha afirmado Spielberg que “lo más y casi único importante es el guión” - y, por otra parte, él nunca había sido un director de dibujos animados, de modo que se le presentaba el problema de cómo lograr que una cinta con actores de carne y hueso no traicionara el verdadero espíritu de uno de los comic más famosos de todos los tiempos. La solución tardó en llegar. Lo hizo en 2006 con la cinta de James Cameron, "Avatar", y la técnica utilizada en la realización de la misma, Motion Capture. Una vez que Spielberg comprobó cómo los Navy cobraban vida gracias a Peter Jackson y a su productora Weta Digital, se puso manos a la obra con Tintín. Por fin, se dio cuenta de que así sí era posible. Y visto el resultado, nadie lo pondrá en duda. Sencillamente perfectos, Tintín, Haddock, Milú y los demás personajes que conocemos de memoria parecen haber escapado del papel para encaramarse a las pantallas y moverse con tremenda naturalidad por ellas, dejando al respetable la sensación de no haber visto hasta ahora nada igual. Es cine, sí, pero diferente, y hasta cuesta acostumbrarse los primeros minutos a lo que es un resultado creativamente genial en el que ningún detalle se deja al azar, con una cuidadísima banda sonora a cargo de John Williams ("La Lista de Schindler") y hasta unos créditos iníciales sencillamente deliciosos. Y, por supuesto, se desprende el inconfundible sello de Spielberg, pero claramente al servicio de unos personajes que, aunque en Norteamérica no sean conocidos, en Europa la mayoría hemos crecido con ellos y era de esperar que fuéramos a mirarlos no sólo con las gafas de 3D, sino, sobre todo, armados con una buena lupa.
Quien sí conocía las andanzas de Tintín desde pequeño era el cineasta neozelandés Peter Jackson, para quien siempre se había tratado de un cómic tremendamente cinematográfico y no dudó en unirse a Spielberg para llevar a cabo el proyecto. Los guionistas Steve Moffat y el equipo formado por Edward Wright y Joe Cornish se encargaron de combinar las aventuras contenidas en tres de los 24 álbumes publicados entre 1930 y 1976: “El secreto del Unicornio”, “El cangrejo de las pinzas de oro” y “El tesoro de Rackham el Rojo”, sin una ubicación temporal concreta de una historia que podría ocurrir en cualquier época para la que, sin embargo, Spielberg ha querido reservar un sofisticado aire retro de cine negro clásico, con personajes de largas gabardinas y sombras misteriosas en el asfalto mojado, dejando fuera elementos modernos como teléfonos móviles e incluso aparatos de televisión.
Por lo que se refiere al capítulo interpretativo, era lógico que Andy Serkis se convirtiera desde el principio en el líder del grupo de rodaje. Por algo es el actor con más experiencia en el mundo en la captura del movimiento creada por Jackson y ya está más que acostumbrado a moverse por un set de rodaje que no se parece en nada a los tradicionales, porque el proceso de Motion Capture tiene lugar en el llamado “Volumen”. Consiste en un set limpio en blanco y gris con más de un centenar de cámaras montadas en una cuadricula colgada del techo capaz de cubrir y capturar 360º y volcar todos esos datos en un espacio tridimensional. Serkis fue el encargado de dar vida y movimiento al irreverente e imposible capitán Haddock, mientras que detrás de Tintín, el joven Jamie Bell – aún conocido por su papel de Billy Elliot – cambia su rostro por el del intrépido reportero creado por el ilustrador belga hace más de 80 años. Junto a ellos, Nick Frost y Simon Page en los papeles de Hernández y Fernández, Daniel Craig que interpreta los movimientos del in quietante malvado Ivanovich Sakharine, sin olvidar a otro de los personajes secundarios y tremendamente carismáticos alumbrados por Hergé: la diva italiana de la ópera Bianca Castafiore, capaz con su voz de acabar con todo vidrio viviente y a quien da vida Kim Stengel (El Fantasma de la Ópera).
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