Opinión

Berlusconi ataca el euro

Andrea Donofrio | Domingo 30 de octubre de 2011
Ha sido una semana larga y extraña para Italia, caracterizada por muchos episodios y, por lo que parece, todos negativos. Por un lado, la política: el Gobierno Berlusconi parece tener más vida que un gato y ha conseguido de un golpe engatusar a la Unión Europea, prometiendo reformar el sistema de las pensiones a partir de 2026 y a la vez prolongar la agonía del berlusconismo. Y mientras el cavaliere miraba descaradamente el trasero de la primera ministra danesa, en el Parlamento italiano se desencadenaba una riña digna de la peor tasca del mundo: insultos, empujones e incluso algún escupitajo. El detonante, unas declaraciones del Presidente de la Cámara en un talk-show televisivo en que delataba que la mujer de Bossi se había jubilado a los 39 años. Los hombres de la Liga Norte, hipócritas y vulgares, no negaban el hecho sino que mostraban su enfado considerando estas palabras como “un ataque político”. Pero de momento la Liga tiene en sus manos el futuro del Gobierno y su posición intransigente en tema de pensiones, que ha hecho peligrar la continuidad del primer ministro, le ha fortalecido desde el punto de vista mediático y ante su base electoral. Mientras Berlusconi ha logrado su objetivo una vez más: sobrevivir y perdurar, y poco le importa el coste de la operación: como han dicho algún correligionario del Pueblo de la Libertad, lo importante era que Berlusconi se salvase una vez más, buscando la manera para remontar la corriente. De momento su estrategia ha sido la de volver a su habitual populismo atacando la Unión Europea y el euro (una moneda “que no ha convencido a nadie”), los jueces y la oposición. Y mientras pasaba eso, en Pompeya se derrumbaba otro trozo, una pared de época romana cerca de la Puerta de Nola. El patrimonio cultural italiano se cae a trozos ante la indiferencia gubernamental y la resignación ciudadana.

No obstante, el acontecimiento más trágico de la semana ha sido la muerte del joven piloto Marco Simoncelli y su entierro. Se ha tratado de un terrible accidente que hemos podido ver en directo, en toda su brutalidad. Unas imágenes tan crudas como veraces, de un realismo que no nos deja impasibles, escandalizando a algunos, perturbando a muchos. Las imágenes del cuerpo del excelente piloto, pisado por otras motas, nos han tocado emotivamente, generando una mezcla de angustia e inquietud. La emotiva e irritada reacción mundial genera una pregunta: a pesar de que estamos acostumbrados a ver la muerte a diario en los medios de comunicación –contemporáneamente a la muerte de Sic se asistía a la ejecución de Gadafi, el hombre al que Berlusconi le besó el anillo en marzo de 2010- ¿su visión sigue hiriendo nuestra sensibilidad? Aunque pueda parecer paradójico, muchos han criticado la decisión de mostrar varias repeticiones del accidente, considerando las imágenes de extrema dureza, demasiado crudas. No obstante, debido a la brutalidad de las imágenes que los medios trasmiten y enseñan a diario, cabía imaginar una especie de adicción ante la muerte, como si se hubiera convertido en algo rutinario y estuviéramos acostumbrados a verla constantemente. La muerte nos acompaña en los diarios mientras almorzamos; la sangre y los cuerpos desgarrados durante una guerra estallan en el fondo de nuestro comedor cuando cenamos; en internet, en los enlaces de los periódicos digitales, buscamos ávidamente las imágenes más sangrientas, pinchamos videos de una violencia brutal, comentamos fotos atroces. Sí, buscamos morbosamente la imagen de Michael Jackson muerto para taggearla apenados, la de Gadafi para insultarlo, la de la matanza de Noruega para indignarnos. En el caso de la muerte de Simoncelli, sin embargo, la dureza de la imagen, su inesperado trágico final han provocado que el mundo entero se estremezca con el fallecimiento de este chico. ¿Falsa hipocresía o verdadero dolor? ¿Doblez o real conmoción? Poco importa, lo que es cierto es que la muerte de Sic provoca gran pena aunque, como decía Platón, merece la pena recordar que “cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo”.

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