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La “cuestión marroquí” sigue pendiente de solución

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Jueves 03 de noviembre de 2011
El futuro gobierno de España que salga de las Elecciones generales del 20-N deberá hacer frente a la problemática de las relaciones bilaterales hispano-marroquíes, que siguen estancadas en sus cuestiones de fondo con todos los problemas en suspenso. Es la constatación hecha en un encuentro bilateral celebrado en Rabat.


Durante estas dos legislaturas socialistas, España ha vivido una auténtica luna de miel con el vecino Marruecos. Sin embargo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido incapaz de sentar las bases de una alianza estratégica con el reino de Marruecos, capaz de hacer frente a los problemas de fondo que hipotecan el futuro de las relaciones entre Rabat y Madrid. Hoy, igual que ayer, cualquier chispa, desencuentro o malentendido, puede hacer añicos el trabajo de años.

El encuentro organizado en Rabat por el Centro de la Memoria Común para la Democracia y la Paz, que ha contado con la presencia de ex ministros, embajadores, dirigentes políticos, periodistas e intelectuales de ambas riberas, ha sido claro al respecto: seguimos siendo rehenes de nuestra historia, y la pesantez del pasado impide avanzar hacia el futuro.

Los problemas acumulados durante siglos siguen estando presentes e hipotecan cualquier iniciativa de entendimiento. Para el exministro de la Comunicación, Mohamed Larbi Messari, los litigios territoriales datan del siglo XV, algo que ni siquiera fue capaz de superar el Tratado de Marraquech de 1767 firmado entre el rey Carlos III de España y el sultán Sidi Mohamed Ben Abdellah de Marruecos sobre la lucha común contra la esclavitud y la piratería marítima, pero que se tradujo en profundo desacuerdo entre ambos países. Desacuerdo que persiste hasta hoy y que surge abruptamente cada vez que se produce un roce entre Rabat y Madrid.

“Pasado atormentado que ni siquiera ha sido negado por Miguel Ángel Moratinos” escribe la agencia oficial marroquí MAP, hablando del encuentro. El exministro de Exteriores español, que dedicó buena parte de su intervención a relatar su andadura en Marruecos, su participación en la negociación y firma del Tratado de Amistad , Cooperación y Buena Vecindad de 1991, intentó sin mucho éxito hacer un balance positivo de las relaciones hablando de la presencia de 500 empresas españolas en el reino alauita, de la lucha antiterrorista y del “eje Madrid-Rabat como futuro”, pero reconoció que nunca se ha conseguido llegar al punto de la irreversibilidad. “Única garantía para establecer un salto cualitativo y pasar a una visión común regional y estratégica compartida”. Ese punto no se ha alcanzado.

Partiendo de la misma constancia, el exministro de Justicia marroquí y ex embajador en España, Omar Azziman, puso el acento en “la paradoja que crea un déficit de visibilidad y de claridad e impide construir una verdadera relación estratégica”. Para hacer frente a esta carencia de fondo, Azziman propuso “hacer una relectura del pasado” para lo que es necesario constituir un “comité de sabios y especialistas” capaz de hacer frente “a las raíces del mal, releyendo y reescribiendo la historia común”, como han hecho Francia y Alemania, o Rusia y Polonia, por poner dos ejemplos.

Ignacio Cembrero por su parte, al tiempo que compartía la constatación hecha por los responsables políticos español y marroquíes, no dejó de señalar que “los dos gobiernos, el español y el marroquí, no han sabido aprovechar esta luna de miel vivida durante el periodo de la presidencia de Rodríguez Zapatero, para superar los problemas”. Señaló que se trata de problemas concretos y no simplemente de la diferente interpretación del pasado histórico. Problemas como la falta de delimitación de las aguas territoriales atlánticas entre ambos países; el lamentable estado en el que se encuentra el Hinterland geográfico marroquí en el entorno de Ceuta y Melilla; la absurdidad de la falta de una frontera comercial en Ceuta cuando existe en Melilla. Si no se ha avanzado en esto, es porque los gobiernos no han hecho su trabajo, vino a señalar el periodista español. Crítica compartida por Alberto Rubio, que rechazó la acusación de que sean los periodistas los que provocan las crisis. “Los periodistas nos limitamos a escribir sobre las crisis que provocan los políticos”. En cualquier caso, Rubio repartió la responsabilidad entre España y Marruecos en un cincuenta cincuenta.

El periodista marroquí Hossein Majdoubi, experto en las relaciones bilaterales, señaló por su parte que entre ambos reinos hay “una agenda conflictiva por excelencia”, y que ambos Ejecutivos no han sabido hacer frente. El gobierno español, apunto Majdoubi, ha sido incapaz de dar paso a la opinión intelectual marroquí en los medios y áreas de expresión existentes en España, como el Instituto Elcano, la Casa Árabe, el departamento árabe de la Agencia EFE, paras que ésta pueda incidir en un acercamiento entre ambas sociedades civiles. Por no hablar de las televisiones públicas o cadenas de radio. “El marroquí sigue estando marginado en España, y no tiene posibilidad de dirigirse a la opinión pública para ayudar a superar los viejos prejuicios”.

La cuestión crucial para otros participantes es enmarcar las relaciones bilaterales hispano-marroquíes en el marco de la ebullición que esta experimentando el Mediterráneo, la demoledora crisis económica en el su orilla norte, y las revoluciones árabes en el sur que dan paso a un Islam político avasallador.

El académico marroquí Mussaui el Ajjlaui, especialista en los movimientos yihadistas en el Sahel, señaló el peligro que significa tanto para Marruecos, como para España, como para todos los países del Magreb y del sur europeo, la inestabilidad creciente en la zona de seguridad estratégica que constituye el corredor sahelo-sahariano. El narcotráfico, el contrabando de armas, la criminalidad transfronteriza, la inmigración subsahariana que utiliza este corredor para llegar al Mediterráneo, y la presencia del terrorismo yihadista de Al Qaeda del Magreb Islámico, han hecho de esta región un polvorín cuya explosión afectará tanto al norte de África como al sur de Europa. Para Ajjlaui las relaciones bilaterales hispano-marroquíes hay que inscribirlas en este marco, y hacer frente en común a estos desafíos. Sin excluir a nadie. En este sentido Abdelwahid Aghmir lamentó que Marruecos venga siendo excluido sistemáticamente de los encuentros antiterroristas organizados entre países occidentales y otros del norte de África, como Argelia, Niger y Mali, para hacer frente a la inestabilidad en el Sahel.
La cuestión de la democratizacion en el Mediterráneo está a la orden del día, señaló el presidente del Centro para la Memoria Común y organizador del encuentro, Abdesslam Butayeb. Una democratización que ha pasado ya su examen tanto en los resultados de las Elecciones tunecinas, como pasará en las próximas Elecciones en Marruecos y en Egipto.

Con esta óptica, el exministro marroquí de Derechos Humanos Mohamed Aujjar, puso el acento en que estamos tratando de “un espacio en construcción”, un espacio en el que en la orilla norte se desata una fuerte crisis económica y financiera y en la orilla sur irrumpe el Islam político. “Ambas realidades hay que conjugarlas”. Desgraciadamente, se lamentó Aujjar, “la política exterior no entra en juego en la campaña electoral que se abre estos días en Marruecos”, porque la diplomacia sigue siendo prerrogativa del Palacio, y se interrogó sobre si existe o no, “un pensamiento estratégico español sobre el futuro del Mediterráneo”. Un interrogante al que deberá responder de alguna manera el próximo gobierno que salga de las Elecciones del 20-N.

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