Cultura

[i]Verbo[/i]: anime, hip-hop y grafiti para llevar el coctel explosivo de la adolescencia a la gran pantalla

EL PREMIADO CORTOMETRAJISTA EDUARDO CHAPERO-JACKSON DEBUTA EN EL LARGO

Jueves 03 de noviembre de 2011
Este viernes se estrena Verbo, la esperada puesta de largo de Eduardo Chapero-Jackson. El debut del multipremiado cortometrajista llega a la gran pantalla como una apuesta arriesgada y diferente que mezcla sin complejos la estética anime japonesa con el hiperrealismo de sobremesa sobre un telón de hip hop y paredes grafiteadas. El trance de la adolescencia en la diana y, en el objetivo, la primeriza Alba García arropada por un reparto de caras más que conocidas en el audiovisual español: Miguel Ángel Silvestre, Najwa Nimri, Verónica Echegui, Macarena Gómez, Víctor Clavijo y Nasser Saleh.

Filmar un batiburrillo de sentimientos no es tarea fácil. Aún así, el cortometrajisa Eduardo Chapero-Jackson ha apostado por el riesgo, por el ‘todos a una’, como ingrediente básico de su carta de presentación en el mundo del largo: Verbo, una alegoría de la adolescencia que llega a las salas este viernes. Tras la interminable lista de premios que cosechó su trilogía de cortos A contraluz (Contracuerpo, Alumbramiento y The End), la crítica aguardaba expectante la puesta de largo del cineasta, mostrándose ahora dividida entre el aprobado raspado –o el apto para un público juvenil- y el sobresaliente universal para Chapero-Jackson.

El director lo sabe. “He tenido mucho vértigo”, afirmó durante la presentación de la cinta en Madrid, “pero necesitaba hacer esta película para ubicarme en muchas cosas, en cuanto a temas y en cuanto a formas”. Chapero-Jackson se propuso retratar la adolescencia -“una edad que, si ya es complicada de por sí, se hace más difícil en la coyuntura actual”- pero abandonando la seguridad que le hubiera ofrecido una “película objetiva” e “investigando en un espacio más emocional y expresivo”.



El resultado es Verbo, un viaje fílmico al interior de una adolescente cuya crisis existencial le convierte en una suerte de Don Quijote, cada vez más desorientada en la frontera de lo real. Allí, en la esfera de lo objetivo y tangible, Sara, papel interpretado por la debutante Alba García, no comprende el mundo que le rodea: lo que aprende en el instituto no le despierta el menor interés, no capta la esencia de sus padres y se siente abrumada por la monotonía y la frialdad del barrio-dormitorio en el que vive. Con este punto de partida, Sara se calza los zapatos rojos y sigue un camino en el que ya no hay baldosas amarillas, sino grafitis que le redescubren la belleza y le guían hacia otra dimensión en la que se reencontrará consigo misma.

Como si de la propia adolescencia se tratara, Chapero-Jackson agita una coctelera a rebosar, que conjuga en la pantalla el hiperrealismo de las relaciones humanas con la ciencia ficción –en escenarios y con resultados a la altura, a pesar de un presupuesto ajustado a los cánones del cine español- y el cómic manga. El director busca la rima visual, que encaja con los diálogos en verso que pueblan el metraje y el hip hop, a cargo del rapero Nach –protagonista también de un cameo en la película-, que rige la banda sonora. Tal y como aclaró el propio cineasta, la cinta busca “hablar de cosas actuales pero con creatividad, explorando nuevos lenguajes cinematográficos”.

Alba García: un gran acierto
El sector crítico más decepcionado con la última creación de Chapero-Jackson alude a una falta de concreción entre tanto experimento visual y de género. El ‘quien mucho abarca, poco aprieta’ puede haberle jugado una mala pasada a la ambición del cineasta. Quienes alaban el debut del madrileño, rompen una lanza a favor de la sinceridad que Chapero-Jackson ha vertido en la película. La vocación pedagógica salta, sin complejos, a un primer plano evocando la inocencia de los cuentos infantiles, pero invadida de contemporaneidad, y transmitiendo una ingenuidad propia del cine de los años cincuenta.

Entre ambos, un punto en común: el gran acierto del director al incluir en el reparto a la inexperta Alba García, que se pone por primera vez ante una cámara para dar vida a Sara, la protagonista del filme. “Me atrapó y reescribí todo el guión para que fuera ella”, aseguró Chapero-Jackson en rueda de prensa tras explicar que el casting para el papel principal, en principio pensado para un chico, se desarrollo en diferentes institutos en busca de caras nuevas.



A García, que ya suena como firme candidata a subirse al podio de la nominación al Goya como actriz revelación, se suma un elenco formado por algunos de los nombres más de moda del cine y la televisión españoles. Miguel Ángel Silvestre se distancia de la piel de El Duque que le lanzó al estrellato en la serie Sin tetas no hay paraíso para liderar el escuadrón que ayudará a Sara a superar las pruebas que la adolescencia le plantea en su propio mundo interior; el actor se atreve, además, en la película a rapear una letra de Nach, uno de sus “ídolos”, según confesó. Sus compañeros de batalla están encarnados por Verónica Echegui (Yo soy la Juani, El patio de mi cárcel), Víctor Clavijo (Al salir de clase, GAL) y Macarena Gómez (La que se avecina, Carne de Neón). La actriz y cantante Najwa Nimri (Los amantes del círculo polar, El método) y uno de los ídolos adolescentes del momento, Nasser Saleh (Física o Química), cierran el reparto.

Aun aceptando papeles mucho más pequeños de a los que acostumbran, todos los actores coincidieron en haberse enfrentado a “un reto” con esta película. Nimri aseguró que el guión la enganchó por el mensaje final. “Parece que la esperanza está pasada de moda”, opinó la actriz, para quien “este es el momento” para una película que la reivindica. Por su parte, Macarena Gómez, que protagonizó el primer corto del Chapero-Jackson, Contracuerpo, quiso destacar que el director “refleja en cada trabajo sus inquietudes, aquello que le perturba, y lo hace con una verdad absoluta consiguiendo que el público empatice”.


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