Sábado 05 de noviembre de 2011
El primer ministro griego Yorgos Papandreu desató a principios de esta semana una tormenta política y provocó el pánico en los mercados. Su anuncio de que sometería a referéndum las medidas que Europa exige a Grecia para llevar a cabo su segundo rescate puso a la Unión Europea (UE) al borde del precipicio, temiéndose tan incalculables como nefastas consecuencias para millones de ciudadanos europeos. Ahora Papandreu ha dado marcha atrás y parece que renuncia al referéndum, ante lo que la Eurozona ha reaccionado con alivio. Pero este alivio debe acompañarse de una absoluta cautela, dado los despropósitos que se van encadenando en lo que parecería más una comedia de Aristófanes que una tragedia de Esquilo, si no fuera porque el final puede ser trágico, en el caso de que la UE no tome medidas eficaces y contundentes.
Resulta palmario que nos encontramos ante un personaje poco presentable, que toma decisiones sin ni siquiera el más mínimo sentido de la responsabilidad exigible a todo gobernante. Si Papandreu estaba convencido de que era necesario convocar un referéndum debería haberlo dicho en el momento de las negociaciones con la UE. Pero parece que el comportamiento inmaduro e irresponsable de Papandreu no tiene límites. No solo no lo planteó en esas negociaciones, sino que lanzó el órdago después y lo ha utilizado como moneda de cambio con la oposición, a la que ofreció renunciar a convocar el plebiscito si el plan de rescate recibía su apoyo. Y en esta cadena de desatinos, la oposición también ha puesto más que su granito de arena, al comprometerse a respaldar el rescate solo si se formaba un Gobierno de unidad nacional para convocar elecciones y en el que Papandreu no figuraría como primer ministro.
En medio de estos comportamientos de mala condición y chalaneos de feria, parece que Gobierno y oposición ponen por encima de salvar al país sus propios intereses partidistas, olvidando que Grecia tiene un déficit galopante y que está camino de la absoluta bancarrota. El rescate es la única salida pero la Unión Europea, visto el comportamiento de los políticos helenos, debe tomar medidas contundentes para que no continúe el regateo y se garantice que Grecia hará frente a sus responsabilidades. Y los griegos tienen que asumir de una vez por todas que si a uno pide dinero prestado hay que devolverlo y que los compromisos están para cumplirse: la Unión Europea es un concierto de naciones democráticas y la democracia es responsabilidad y autocontrol; es decir, diké y sophrosine. Los griegos deberían saberlo y practicarlo. Al fin, lo inventaron ellos cinco siglos antes de nuestra era.
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