Domingo 06 de noviembre de 2011
El ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe, tomó la acertada e imprescindible decisión de intensificar la ofensiva contra la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), grupo terrorista, con conexiones con el narcotráfico, que se ha cobrado en el país andino miles de víctimas. La constancia en la política de Seguridad democrática impulsada por Uribe está dando sus frutos. En los últimos tiempos, las FARC han sufrido golpes decisivos a manos del Ejército nacional colombiano, que ha ido descabezándolas de sus líderes y llevándolas a una absoluta desmoralización. El abandono de las armas por parte de miembros de las FARC y su entrega voluntaria es cada vez más frecuente hasta configurar un esperanzador goteo de deserciones diarias, acelerado por el eficaz hostigamiento del Ejército nacional y las durísimas condiciones que las propias guerrillas imponen a sus militantes. La firme y decidida política contra el terrorismo de las FARC llevada a cabo por Uribe ha sido continuada -más allá de las discrepancias que están surgiendo entre ellos en otras cuestiones-, por su sucesor en el cargo, el actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que fue ministro de Defensa en el Gobierno de Uribe.
Así, ahora, a las no lejanas muertes de sanguinarios cabecillas de las FARC, como Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo”, Luis Edgar Devia, alias “Raúl Reyes” y Víctor Julio Suárez Rojas, alias “Mono Jojoy”, se suma la de Guillermo León Sáenz, alias “Alfonso Cano”, máximo líder de las FARC en estos momentos, y considerado como “ideólogo” del grupo terrorista, además de tener a sus espaldas cientos de crímenes, extorsiones y secuestros. Cano ha sido abatido por el Ejército, después de realizar un bombardeo en el área montañosa del departamento del Cauca, en el suroeste de Colombia, donde se encontraba el campamento del jefe guerrillero. Producto de esta exitosa acción del Ejército colombiano, han caído también, junto a Cano, varios veteranos guerrilleros, como “El Zorro”, y su compañera sentimental, la denominada “primera dama de las FARC”. Asimismo se ha detenido, entre otros terroristas, a “El Indio Efraín”, jefe de seguridad de “Alfonso Cano”.
Sin duda, este ha sido un golpe crucial contra la guerrilla, tras el cual el presidente Santos le ha lanzado un inequívoco mensaje: “Desmovilícense. De lo contrario, como hemos dicho tantas veces y como hemos comprobado, terminarán o en una cárcel o en la tumba.” El éxito de la política colombiana de firmeza y constancia frente al terrorismo demuestra que es el mejor –y único- camino en la lucha contra los enemigos del Estado de Derecho, ante los cuales no caben componendas ni negociaciones ni la más mínima justificación. Como bien señala Mario Vargas Llosa: “Las FARC no tienen nada de admirable ni de respetable pues son, hoy día, nada más que un Ejército seudo popular al servicio del narcotráfico, que vive del crimen, que tiene esclavizados por los métodos brutales que practica a cientos de miles de campesinos y gentes de los estratos sociales más humildes de Colombia que para su desgracia residen dentro de las zonas que domina y que son el obstáculo mayor que tiene este país para avanzar en su desarrollo y perfeccionar su democracia”.
La desaparición del actual máximo dirigente de las FARC es una excelente noticia, pero no debe bajarse en ningún momento la guardia. Como bien ha dicho el propio presidente colombiano Juan Manuel Santos no hay que ser triunfalistas hasta “tener un país con un futuro mejor.”
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