Religión

El mejor DNI de los cristianos es la caridad

En la Frontera

Martes 08 de noviembre de 2011
La caridad es la única identidad de los cristianos. Pero, ¿en qué consiste este amor, cómo lo manifestamos, de qué manera ha existido este sentimiento y este comportamiento a lo largo de nuestra historia? Esta preguntas se hace Juan María Laboa y las responde en el magnífico ensayo que acaba de publicar:”Por sus frutos los conoceréis. Historia de la caridad en la Iglesia”.

Un ensayo que, creemos, es un soplo de aire fresco y sosegado, sobre todo en estos momentos tan convulsos que vivimos, y que fue presentado en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, con testimonios importantes de Juan del Río, Arzobispo Castrense, de Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona, Consejero de Estado y de Juan Martín Velasco, Profesor Emérito de la Universidad Pontificia de Salamanca. Todos ellos coincidieron en que “el amor es lo único que tiene recompensa en sí mismo” y que “hacen falta testimonios como los que se recogen en la obra, con la que se reflexiona y se reza al mismo tiempo”. Un ensayo en el que se hace un repaso de la historia de la caridad en la vida de los cristianos, desde los grandes fundadores de instituciones eclesiásticas hasta las personas anónimas que aún siguen trabajando por hacer una sociedad más fraterna.

Recordamos como los paganos admiraban a los primeros cristianos por el amor que había entre ellos: “Mirad como se aman”. Y como decíamos, “la única identidad de los cristianos de todos los tiempos es la caridad”. Son, somos, los que cumplen, cumplimos, el precepto que Jesús quiso para todos los que quisieran seguirle: “por sus frutos los conoceréis”. Precepto que sirve de gran título para este libro de Laboa., que escribe: “siempre he pensado que una historia de los cristianos y de la Iglesia que no se centre en su capacidad de amarse entre sí y de amar a los demás seres humanos escamotea el núcleo experiencial, absolutamente esencial en la comunidad creyente y en la institución eclesial. Todavía hoy, esta historia queda por afrontar y desarrollar”.

Para mí, personalmente, Juan María Laboa ha sido siempre un maestro y un ejemplo de comportamiento de vida sacerdotal- pronto cumplirá cincuenta años de ordenación-y es un testigo importante de la vida de la Iglesia en los últimos años y un excepcional historiador. Me van a permitir, pues, que confiese que me haya emocionado con la lectura de este libro, editado por San Pablo, y con afirmaciones como: “para conocer al hombre verdadero hace falta conocer a Dios, pero para conocer a Dios hay que conocer al hombre tal cual es”.

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