Sociedad

Los desechos espaciales y su caída están controlados

ASTRONOMÍA Y MEDIOAMBIENTE

Martes 08 de noviembre de 2011
Una investigadora brasileña, Walkiria Schulz, ha puesto en práctica el modelo matemático King-Hele para calcular cuándo caerán los desechos espaciales que circulan por las órbitas bajas del espacio. El equipo, formado por dos científicos, ha escogido este modelo por su respuesta rápida y su margen de error.

La Agencia Espacial Argentina ha expuesto los problemas de monitorización rápida de los desechos espaciales que flotan libres por el espacio y que, en ciertas ocasiones, caen a la superficie terrestre. La Universidad nacional de Córdoba –UNC- ha implementado el modelo King-Hele de la mano de Walkiria Schulz y su equipo.

Los desechos espaciales ocupan progresivamente el espacio exterior. Un problema que necesita una solución basada en la cooperación internacional. Así lo entiende la investigadora brasileña Walkiria Schulz.

Su trabajo se basa en monitorizar los desechos espaciales que se encuentran orbitando alrededor de la Tierra. “Es una realidad que existen muchísimos objetos en órbita y que la mayoría es chatarra”, afirma la experta. Con el modelo King-Hele, podrá calcular cuándo entrarán esos desechos en la superficie terrestre.

Una red mundial está dedicada a la ‘observación, identificación y determinación orbital’ de la ‘basura’ espacial. En el caso concreto del equipo de Walkiria Schulz, la monitorización de los desechos espaciales se realiza gracias a los datos orbitales que el Departamento de Defensa Estadounidense aúna en una página web: www.space-track.org. La información es el resultado del trabajo de todas las instituciones de la red mundial que trabaja en la observación espacial.

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Una vez se han obtenido los datos orbitales, el equipo de la UNC pone en marcha “simulaciones de trayectorias de los más de 37.000 objetos con más de 10 centímetros que están o estuvieron en órbita alrededor de la Tierra. En esas simulaciones nos interesan especialmente los objetos que deben reentrar en los 7 días siguientes a la publicación de los datos”, explica la investigadora.

El modelo King-Hele –creado por Desmond King-Hele- tiene en cuenta tanto la resistencia que el aire impone sobre el movimiento del objeto que cruza la atmósfera, como la atracción que la gravedad ejerce sobre el desecho. “Podemos decir que tenemos un error de más o menos un día para datos que fueron actualizados muy recientemente”, detalla Walkiria Schulz.

No todos los desechos llegan a precipitarse sobre la superficie terrestre. Una gran mayoría, por su composición y tamaño, se desintegran en cuanto toman contacto con la atmósfera terrestre. Son los objetos grandes y capaces de soportar las cargas térmicas presentes en la entrada a la atmósfera los que impactan con la superficie terrestre.

Las razones por las que los objetos espaciales pasan a ser ‘desechos’ son múltiples. La vida útil del satélite puede tener un final anticipado por fallo de algún componente. También puede suceder que, al agotar las reservas de combustible, pierda toda su capacidad para ser controlado.

En caso de que los objetos tengan una misión planeada con un final incluido, “suelen tener combustible suficiente para realizar una maniobra final de reingreso que puede definir dónde va a impactar”, especifica la investigadora. En este supuesto la agencia espacial al cargo de ese objeto, dirigirá su entrada en la Tierra.

El problema es que, en una mayoría de los casos, no existe esa posibilidad de control del impacto. “De igual forma la agencia espacial responsable debe realizar monitorización periódica y publicar alertas de riesgo relativos a sus objetos en entrada, aunque no pueda definir con precisión el área de impacto”, afirma Walkiria Schulz.

La sociedad parece que comienza a concienciarse sobre los efectos y el aumento de la ‘chatarra espacial’, “en un momento en que coincidentemente cayeron dos satélites inactivos de grandes proporciones”, declara la científica.

El problema ecológico del espacio presenta muchos desafíos para el futuro: “Este es el momento de hacer algo para evitar la proliferación de esos pedazos de problema potenciales. No es un tema fácil. Sólo lo vamos a poder empezar a enfrentar con mucha cooperación internacional”, confirma la investigadora.