Sociedad

Así es la bóveda que protege las semillas del mundo en el archipiélago de Svalbard

AGRICULTURA Y ALIMENTACIÓN

Viernes 11 de noviembre de 2011
Noruega ha construido, con fondos propios y la colaboración del resto de países nórdicos, un banco genético de semillas gratuito para que cualquier país del mundo pueda depositar en él una ‘copia de seguridad’ de sus variedades locales. El objetivo, según comenta el principal responsable, Cary Fowler, es proteger las reservas en caso de eventos temporales o conflictos armados.

El archipiélago de Svalbard –Noruega-, dadas las perfectas condiciones de temperatura y aislamiento, se ha convertido en la localización del mejor almacén de semillas mundial. Cary Fowler, director ejecutivo del Fondo Mundial para la Diversidad de los Cultivos -Global Crop Diversity Trust- y principal responsable del proyecto en Svalbard, junto con Luis Ayerbe, experto en gestión de recursos fitogenéticos, aclaran los objetivos de la bóveda.

El silo de Svalbard es una oportunidad gratuita, en especial para países con pocos recursos, que facilitará la conservación de los recursos fitogénicos de cualquier país del mundo por un periodo largo de tiempo. En caso de que un país ya cuente con bancos propios de semillas, la bóveda podrá acoger las variedades más valiosas del país para tener así una tercera repetición de seguridad. ‘Es una realidad y está funcionando, esto lo diferencia de muchas fantasías’, comenta Luis Ayerbe.

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La gran mayoría de los bancos de semillas suelen estar situados junto a las ciudades, en edificios normales. Esa disposición les hace ‘vulnerables a los fuegos, los terremotos, inundaciones y otro tipo de eventos temporales, además de las luchas y guerras civiles’, explica Cary Fowler. En el caso de Svalbard, se trata de una antigua mina a 130 metros de profundidad con un aislamiento de la actividad humana asegurado y una temperatura ambiente, ‘propia de un desierto helado’, que disminuye el coste de conservación de las semillas.

El uso del almacén, en caso de querer recuperar algún depósito, no puede ser inmediato: ‘Estamos hablando de un servicio de urgencias, pero no tanto como el de un servicio de ambulancias o de bomberos’, afirma Luis Ayerbe. No existe una gran cantidad de cada variedad almacenada, sólo una pequeña muestra que posibilite regenerar el cultivo inicial del que se extrajo la muestra.

‘En contra de lo que dicen algunos medios en sus reportajes, la bóveda de semillas no fue construida con el fin de protegernos contra el apocalipsis’, expone Cary Fowler. El silo puede ser una opción siempre que el resto de silos mundiales fallen, y en ese caso sería Noruega quien enviaría las semillas a los propietarios. ‘El verdadero fin de la bóveda es proteger contra pérdidas individuales de los bancos de semillas’, aclara Cary Fowler.

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La nueva medida puede llegar a ser de gran utilidad para generaciones futuras, pero para los que habitamos el mundo ahora ¿realmente es útil?: ‘¡Por supuesto! La diversidad es la base biológica de la agricultura. Es exactamente tan valioso para nosotros como lo será para las futuras generaciones’, declara Cary Fowler. Por su parte, Luis Ayerbe comenta el humor de un amigo, Pepe Esquinas, principal impulsor, entre otros, del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogénicos para la Agricultura y la Alimentación, quien repite en cada conferencia que ‘esto de los recursos fitogenéticos debería depender de un Ministerio de las Generaciones Futuras’. Ayerbe considera una ‘obligación moral’ del ser humano proteger a las generaciones futuras que nos van a suceder.

Cualquier país del mundo puede ser ‘miembro’ del silo y depositar sus semillas. No conlleva coste alguno y el propietario siempre será el país depositario, con lo cual nadie podrá utilizarlas sin su permiso. El mantenimiento del almacén queda confiado al Fondo Mundial para la Diversidad de los Cultivos.

Parece tal la seguridad de la bóveda de semillas, que incluso cuando tuvo lugar el mayor terremoto en la historia de Noruega –el 21 de Febrero de 2008-, no sufrió ningún daño. ‘No hubo grietas. De hecho ni siquiera se movieron los trozos de hielo del techo y de las paredes. Así, nosotros nos sentimos completamente seguros con respecto a la localización de la bóveda de semillas’, expone Cary Fowler.

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