Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 11 de noviembre de 2011
Este mes de las lluvias que es Noviembre, como indica su sufijo latino, la tierra protege lo que se siembre, que en vida de acento muy paladino brotará jubiloso en primavera en un entorno de devotos trinos. Por eso mismo esta época de espera celebra el húmedo mes de los muertos para anunciar temporadas parteras. Gozar de la luz eterna despiertos en una espera de beatitud es la vida de buenos con acierto. Cuando se entierra a varón con virtud nos deparan los abriles mudables brotes de poderosa juventud. Y estas mismas maravillas laudables cuando se entierra a mujer con virtud suceden con páginas memorables.
Semilla de esperanza es el difunto, que alimentado por sus buenas obras, nos mejora al de los vivos conjunto. Si sus buenas obras son nuestra robra, las malas obras de los malos muertos sólo sirven para alargar su sombra.
Con esta gente y parecida gente veré yo a España en tan feliz reposo que el llanto de mi faz estará ausente. Que los muertos de hoy en el suelo hermoso, allá donde el amor no se adultera, volverán nuestro país poderoso.
Supone la comunión de los santos la ayuda que los muertos dan a vivos que viven entre llantos y quebrantos. Y si nuestro gobierno corruptivo no ha logrado aún hundir nuestra España es porque los santos están activos. No permiten el triunfo de patrañas numerosos españoles del Cielo, y nos salvan de tantas alimañas. Trabajan por los más nobles anhelos, aunque a veces permiten algún daño a fin de hacer más alto nuestro vuelo. Siete largos años de desengaño nos han prevenido de aquellas cosas que pueden deshacer nuestro tamaño.
Mas el hombre, sobre todo español, muchas veces choca en la misma piedra, y volverá a caer en descontrol. Otro José Luis manchará la hiedra, y otra vez volveremos a sufrir y a trepar por una podrida yedra. Y otra vez a nuestra Virgen pedir que nos vuelva a sacar de los problemas que a punto nos ponen a sucumbir. ¡Oh dulce estrella, cuántas y qué gemas nos han demostrado que nuestra suerte es efecto del Cielo que tú engemas!
Que rece nuestra España peregrina por el perdón de la España purgante, y ésta, tras abandonar la llantina, convertida para siempre en triunfante, nos libertará de los zapateros y de las turbamultas ignorantes. Si no hizo más daño este aventurero se explica sólo por amor del Cielo que impidió tornarnos en basurero. Por Zapatero debemos con celo rezar para que tenga vida larga como el rey de Judá que fue flagelo, y pidió a Dios una vida más larga para poder purgar sus muchos pecados y morir poder sin mortales cargas.
Ante estos dos mediocres capitanes que arrogantes nos quieren pilotar, entre el gurtel, los blancos y faisanes, es más sensato de hinojos rezar que levantar la esperanza con signos y pensar en milagros con votar. El voto nos aparta del maligno, pero sólo el pueblo con su trabajo podrá construir los futuros dignos. Los españoles con vida de abajo y los españoles del reino eterno que sin pausa interceden a destajo. Una doble España de amor fraterno bajo el inmortal Ojo luculento guiada ya por un nuevo gobierno.
Regnum caelorum sufre violencia de ardiente amor y vívida esperanza, que vence a la divina omnipotencia; no como hombre que impone su pujanza, que él vence porque quiere ser vencida; y su bondad vencida el triunfo alcanza.
También en este mes se siembra el trigo que cual cuerpo de Dios es enterrado, y allí lo trituran fríos hostigos, pero vuelve en marzo resucitado entregándose como pan de vida y de la alegría eterna bocado. Y es que recuerda mi alma dolorida el estro luso de Guerra Junqueiro cuya metafísica nunca olvida.
En cada grano de trigo habita un alma infinita. Alma latente, incierta, obscura; mas que ríe, que gime que sueña, que murmura…Cuando siegan la espiga, ¿acaso el grano siente dolor?---¡Arcano! A una semilla, ya hace mil años amarilla, sacadla a buena tierra, en la colina, y estalla, echa raíces y florece y germina. Ved, por esto, las fieras torturas de los trigos en las eras. ¡Mordidos por el trillo saltadero un día entero!
Y un día entero, horas odiosas, ¡oh trigos arrastrados por las losas! Después, el troje oscuro; la oscuridad sin aire puro. ¡Después, después, la negra suerte! ¡Entre dos piedras, el dolor, la muerte! ¡Piedras de los molinos, no sabéis el mal que hacéis! ¡Cuántos miles de muertes por minuto, piedras de corazón roqueño y bruto! ¡Y las aguas del río van cantando, mientras las piedras duras van matando!
Canta alegre también la molinera, y ríe el agua y ríe el sol, afuera…¡Oh, blanca molinera enharinada! Hay cenizas de muerte en esta albada…¡Trigo, sacrificado en nuestro bien, sin que las gracias se te den! ¡Rubio trigo inocente, cuya horrorosa muerte nadie siente! Tal vez por esto, al fin de tu martirio, blanqueas como luna y nieve y lirio. ¡Bendito seas! Por nosotros viviste, por nosotros sufriste, por nosotros moriste, simple, puro, mártir fuiste. ¡Bendito seas!
Perdiste vida para darnos vida y te inmolaste cuando nos salvaste…¡Bendito seas! ¡Bendito seas, trigo muerto, cadáver fecundante, resucitado en nos a cada instante! Bendito seas, bendito seas, bendito seas, trigo, Cuerpo de Dios – Alma y Dolor - ¡nuestra víctima y nuestro redentor! ¿Diez mil granos de trigo no entrarán en la harina de un pan?...¡Diez mil granos!...¡Diez mil calvarios y agonías, todos los días, para insuflar alientos en la impura alma de una mezquina criatura!
¡Hombre, levanta a Dios todo tu afán, al ver el pan! ¡Míralo en esta mesa de tu hogar! Ya no es mesa: es altar. Mira el vigor de los brazos: el pan de Dios. Mira la sangre y la alegría que calienta tu pecho y en tu cráneo irradía. Mira la fraternidad, mira la piedad, mira la humildad. Mira la dicha que no cansa; la paz en Dios tranquila y mansa. Comer es comulgar. Hinca, sencillas, enfrente de este pan, las dos rodillas. Antes que lo muerdas – tigre carnicero - álzalo a la luz, ¡bésalo primero!
¡Después devora!...El pan es cuerpo y alma: en cuerpo y alma es menester, tigre, que te prepares a morder. ¡Hay diez mil almas blancas con el pan que por tu alma con él transmigrarán!...Sepultura del pan, boca de los humanos: bajo los soberanos velos azules de la inmensidad, ¡invoca la Verdad! Boca armoniosa, voz de la Naturaleza, ¡canta la Belleza! Boca divina, boca en flor, ¡perdona el Mal, ungiéndolo de Amor! Belleza, Amor, Verdad…¡suprema Trinidad! ¡Tres dioses juntos, al final, en Uno solo inmortal!
La Humanidad es sementera en ancha vega, que Dios siembra y Dios siega. Y cada hombre, ya sea rey, ya sea mendigo, en el troje de Dios es un grano de trigo. Y a cada instante pueblos, montes, ciudades, llanos, dan espigas sin fin de espíritus humanos. Brotan, florecen, crecen, son cortados, y los muele el destino, triturados. Y ésta es la harina, ésta es la harina del Dolor, que nutre la Verdad, la Belleza, el Amor. Y es el botón de roja y dolorida flor de donde fluye en néctar el Amor.
¡Hombre! Da por Amor, al triste y desvalido tu corazón, tu pan y tu vestido. Por Amor, con tus labios virginales besa heridas y llagas de hospitales. Por Amor, por Amor, como Jesús, ríe al Dolor, cogiéndote a una cruz. ¡Y bendito en la eterna paz serás, porque de tanto sufrimiento en pos, trigo de Dios, absorto en Dios, descansarás! Trigo molido, polvo de lirio, ¡danos el martirio! Trigo de trigo, miga y corteza, ¡danos amor, dolor y paz y fortaleza! Y así seremos el pan de Cristo, el pan de Dios, el pan del Bien: pan de la Gloria Eterna, pan de panes, amén.
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