Sábado 12 de noviembre de 2011
Nunca hasta ahora la distancia entre PP y PSOE había sido tan grande en intención de voto. El último sondeo, llevado a cabo por la Fundación Ortega y Gasset y la Universidad de Murcia, coloca a los populares con 19 puntos de ventaja sobre los socialistas, una diferencia considerable. Hay que decir que estamos aún en el ecuador de la campaña, y que es en la última semana donde más vuelcos se pueden dar. Con todo, el horizonte parece bastante claro a favor de Mariano Rajoy.
El sondeo aporta dos claves para entender mejor cómo se ha llegado a este estado de cosas. Así, el 77 por ciento de los encuestados considera “mala o muy mala” la situación política, y para el 88 por ciento la economía es su principal preocupación, lo que podría explicar la insistencia de Rajoy en este campo. En cualquier caso, queda claro que la sociedad española es plenamente consciente tanto del actual panorama como de quiénes son sus principales responsables; también a futuro. Y es que resulta llamativo el elevado número de personas para las que lo peor aún no ha pasado.
Sea como fuere, ni el PP debe dormirse en los laureles ni el PSOE radicalizar su discurso en pos del voto desmovilizado. Los datos reflejan una tendencia asentada desde hace ya tiempo en el electorado español, tendente a un cambio de orientación política. Deben tomar buena nota los populares, por cuánto muchos de los votos que reciban el 20-N serán prestados, con el objeto de que sean ellos los que arreglen lo que otros han estropeado. Y otro tanto han de hacer los socialistas, dejando de culpar al empedrado de sus fallos y mirar más hacia Ferraz que hacia Estados Unidos, Grecia o los “viles mercados” si lo que quieren es encontrar un culpable de sus males.
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