en la Sala hall Napoleón
Domingo 13 de noviembre de 2011
La exposición El reino de Alejandro Magno, la Macedonia antigua descubre por primera vez reunidos y fuera de su territorio los descubrimientos que se han ido haciendo durante estos últimos treinta años e los yacimientos de Aigai. Hasta el 16 de enero.
La pirámide del Louvre alberga El reino de Alejandro Magno, la Macedonia antigua hasta el 16 de enero, una de las exposiciones más impresionantes sobre la antigüedad, inimaginable hace 30 años. Se espero bastante en hundir la pala bajo la tierra de Macedonia y nos contentábamos reconstruir la historia a través de los textos antiguos. Una historia de guerras y conquistas en la que destacaban dos figuras grandiosas, Filipo II de Macedonia y su hijo Alejandro Magno. Hasta que se cambió de rumbo y se empezó a preguntar lo que había debajo. La exposición recoge los descubrimientos arqueológicos llevados a cabo este último cuarto de siglo. Diecisiete siglos de historia de la Macedonia antigua nos contemplan. Quinientas obras, la mayoría no habían viajado jamás a otro lugar hacen de esta exposición una muestra excepcional.
Vergina, a 75 km al suroeste de Salónica, en el norte de Grecia fue explorada por primera vez en 1861 por el arqueólogo francés Léon Heuzey que nunca pudo saber a qué ciudad pertenecía su descubrimiento. Los descubrimientos más extraordinarios se remontan a 1977, cuando las excavaciones en la necrópolis, dirigidas por el arqueólogo griego Manolis Andronikos, revelaron al mundo la identidad de las ruinas. Vergina (antigua Aigai), la primera capital del reino y santuario de varias sepulturas reales. Entre ella, la de Filipo II, intacta, en el “cementerio de los túmulos”. En el interior de la tumba había numerosos objetos, entre los que destacaban finísimas vajillas de bronce y plata, armas y partes de armadura, y una urna de oro ricamente decorada, en cuya tapa figura una gran estrella de 16 puntas. En su interior yacían los restos de los huesos del difunto, junto a los fragmentos de una corona compuesta por los centenares de láminas de oro. A su lado, otro sarcófago de mármol con una segunda urna de oro, esta vez decorada con una estrella de tan sólo 12 puntas, custodiaba los restos de una mujer. La sospecha de a quién pertenecía la tumba fue confirmada por una pequeña cabeza-retrato de marfil se reconoce, en toda su vital expresividad, el rostro de Filipo II.
En 1980, se descubre la necrópolis de Sindos (VI y V a.J.C) cerca de Tesalónica. 121 sepulturas que evidencian el alto nivel económico y cultural. En 1982, se descubre que Filipo II ha sido asesinado de verdad, durante la boda de su hija Cleopatra II, en 336 a.J.C. como aparece escrito en el libro de Diodoro de Sicilia. Se localiza el teatro en donde tuvo lugar la ceremonia en Aigai. En 1987, se abre la tumba probable de Eurídice, abuela de Alejandro. Se descubre un trono de mármol pintado de dos metros de alto. En 2008, en agosto, otros yacimientos se descubren en Aigai. Uno con una corona de hojas de castaño en oro y que se muestra al comienzo de la exposición. Se piensa que podía haber decorado los restos de Heráclito, el hijo ilegitimo de Alejandro que fue asesinado por Casandro, uno de sus generales.
Concentrados en el Louvre, son verdaderos tesoros de la humanidad que evidencian la riqueza, el comercio y el desarrollo que vivió la Macedonia antigua. Oro, plata, mármoles, mosaicos: un reino inaudito hace dos mil años.
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