Tratar nuestro sueño y las horas que le dedicamos de forma trivial, puede desencadenar problemas tanto externos como internos, incluso crónicos. Nuestro organismo y nuestro estado emocional se desajustan, un hecho que se ve reflejado en las relaciones sociales y en nuestra salud, de acuerdo con los estudios de
Javier Puertas, jefe del Servicio de Neurofisiología del Hospital de Valencia.
Los adultos jóvenes tienden a sufrir más el síndrome del sueño insuficiente. El por qué, es el tipo de repartición de las horas de sueño que se hace a lo largo de la semana: disminuyen las horas de sueño de lunes a viernes –una media de 5 o 6 horas- y se intenta recuperar con un “sueño alargado” durante el fin de semana –un mínimo de 9 horas, además de siestas-. “El sueño perdido no se recupera en su totalidad y una falta de sueño crónica de una hora por noche, ya es suficiente para tener consecuencias. El ejemplo más claro lo tenemos en las sociedades desarrolladas en los trabajadores a turnos, que tiene más problemas de salud, familiares y laborales que la población que no trabaja a turnos”, explica Javier Puertas.
Las palabras del experto en sueño, exponen un rechazo de la sociedad a la hora de dedicar horas al sueño por no ser una actividad productiva. El ser humano intenta obtener productividad de cada acción que realiza al día, pero en el caso del sueño “se considera una actividad no productiva y muchas veces una pérdida de tiempo, no sólo se lo robamos para trabajar más, sino muchas veces para aumentar el tiempo de ocio”, afirma el investigador.
No existe un perfil humano que tenga mayor probabilidad de sufrir problemas de sueño, basta con tener malos hábitos. Las consecuencias negativas se reconocen más en adultos, ”los jóvenes lo llevan mejor”, comenta el experto.
El tipo de problemas derivados abarcan un amplio espectro: la fatiga, somnolencia, alteración del estado de ánimo y de la concentración, la debilitación del
sistema inmunitario, ansiedad, obesidad –lo que conlleva ronquidos y el posible desarrollo de la apnea del sueño-, insuficiencias cardíacas, enfermedades neurodegenerativas y un largo etcétera. “En general la falta de sueño actúa como una señal de estrés o peligro para nuestro organismo, aumenta la actividad cardíaca y la tensión arterial, la disponibilidad de glucosa y altera el metabolismo del azúcar y las grasas. Afecta nuestra sensación de apetito y tendemos a comer más”, aclara Javier Puertas.
PIE DE FOTO
Uno de los trastornos del sueño más acentuado es el insomnio crónico. En este campo, los expertos saben que personas con un índice de responsabilidad muy por encima de lo normal, con dificultad para desconectar de los problemas y las preocupaciones, “va a tener más posibilidades de desarrollar un insomnio psicofisiológico, en el que el paciente le cuesta dormirse por incapacidad de desconectar”, especifica el científico. La última
encuesta Nacional de Salud en 2006, declara que un 14% de la población española sufre insomnio.
Hasta hace muy poco tiempo, los trastornos del sueño no habían recibido la importancia necesaria. “La sanidad pública no está suficientemente dotada para atender los problemas de sueño, ya que es una rama de la medicina relativamente reciente cuyos recursos y personal sólo han ido apareciendo en los últimos 15 o 20 años”, explica el investigador. El paciente también tiene una parte de responsabilidad en el desarrollo de sus trastornos al no acudir al médico hasta después de muchos años.
Los expertos recomiendan dormir una media de 9 horas, “como Unamuno”. Los beneficios son innumerables: “La hormona del crecimiento se segrega durante el sueño y hormonas que regulan el apetito. También favorece la consolidación de la memoria y mejora el rendimiento cognitivo”, detalla Javier Puertas.