Jueves 17 de noviembre de 2011
Ayer tenía lugar la última comparecencia pública del secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa. Durante sus dos años al frente de dicha secretaría, apenas ha tenido ocasión de aportar datos positivos y ayer no fue una excepción. Tampoco lo fueron las excusas a las malas noticias: a su juicio, el bajo crecimiento de la economía española es debido a lo que pasa en el exterior y a los empresarios. Sea como fuere, quedaron patentes dos cuestiones irrefutables: la reforma laboral maquillada y descafeinada ha sido un rotundo fracaso y las perspectivas de crecimiento estaban mal calculadas.
A propósito de esto último, cabe señalar que el parón en el crecimiento económico de España era algo con lo que ya se contaba. Al ritmo que va la destrucción de empleo y a los niveles que se ha puesto la prima de riesgo, es muy complicado remontar. Cierto es que la crisis de la deuda soberana la está padeciendo en todo el continente, pero en España la situación, sin ser la de Italia, es especialmente grave. Como también lo es echar la culpa a los empresarios de que haya más horas extras y menos contrataciones.
Es muy preocupante que un buen economista como el señor Campa no haya entendido uno de los principios filosóficos fundamentales en los que se fundamenta la ciencia que profesa; a saber: que una característica central del comportamiento humano es la rápida respuesta a los incentivos. Si la legislación laboral –como es el caso de la española- penaliza el empleo, vía colectivización de los contratos, los empresarios tenderán a reajustar por el mercado de trabajo. En principio, son precisamente los empresarios quienes más interesados está en contratar, pues ello será indicativo de que su actividad marcha. Para ello, resulta imprescindible contar con un marco normativo adecuado a los tiempos actuales y no anclado en modelos de los sindicatos verticales franquistas de directa inspiración mussoliniana. Si no hay incentivos fiscales ni contractuales, tampoco puede haber movilidad en el empleo. Esa será una de las asignaturas pendientes a las que el próximo gobierno deberá hacer frente a la mayor brevedad posible.
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