Javier Cámara | Jueves 17 de noviembre de 2011
Se acabó la campaña electoral más larga y aburrida de la historia. Muchos meses desde que Zapatero dijo que adelantaba las elecciones y muy poca emoción ante lo que se prevé va a ser una debacle para el PSOE y un éxito del PP. Durante este tiempo, los candidatos de los dos partidos mayoritarios han desarrollado sus estrategias con suerte dispar.
Tenían tácticas diferentes y a uno le va a salir bien, puede incluso que mejor que nunca, y a otro le está saliendo, y podrá confirmarse el domingo, desastrosamente mal. El primero ha sabido entender que entre su electorado hay votantes de perfiles muy distintos y no ha querido herir ninguna sensibilidad, aunque se le haya tachado de ambiguo, y el que se ha visto obligado a remontar ha equivocado las líneas de actuación con sus simpatizantes.
Rajoy ha conseguido “medio” contentar a los suyos con remiendos a los aspectos más ideológicos y dolorosos de la etapa Zapatero y con una esperanza de recuperación económica y a Rubalcaba no le ha funcionado dedicarse en cuerpo y alma a la izquierda más a la izquierda del PSOE, criticar en sus mítines a Francia y Alemania –dos Gobiernos de marcado carácter conservador–, ignorar totalmente a la Iglesia (no se supo nada de él durante la visita del Papa) o confortar y elogiar a los indignados del 15-M.
El candidato socialista se ha dedicado estos meses a atacar a los ricos, a los empresarios y al PP y no se ha dado cuenta (o quizá sí, ¡quién conoce sus cálculos!) de que hay mucho autónomo y empresario que vota PSOE y que no se ha visto en absoluto reflejado en el programa del de Solares. La franja de los moderados de izquierda y los cercanos al centro conforman una bolsa de votos que Rubalcaba ha despreciado y que pueden encarecer mucho la factura electoral.
Algunos estudios han señalado que a Rubalcaba se le han podido marchar más de un millón y medio de votantes por el centro, pero como “hasta el rabo todo es toro”, ahora toca votar (o no, que cada uno haga lo que quiera) y veremos si es verdad o si, como casi siempre, todo era una estrategia.
Y digo yo: ¿Le está pasando factura al PSOE la sobredosis de “progresismo” que ha aplicado en España en los últimos años? ¿Se ha quedado el PP con todo el centro ideológico que tantas elecciones ha decidido? ¿Ha hecho este error en la estrategia que el PSOE piense ya más en la sucesión del secretario general del partido que en las elecciones?
No faltará quien piense que no ha sido un error de campaña y que la radicalización a la izquierda del PSOE viene de antes, que comenzó en 2004, pero resulta que ese espacio ya está ocupado por IU que reclama ahora su parte del electorado. Ni siquiera tratar de suavizar su efecto llamando a su política social-democracia ha servido para que ese centro ideológico se lo creyera. Simplemente, no ha colado.
La regeneración es obligada. “Súmate al cambio del PSOE” podría ser perfectamente el nuevo eslogan de Carme Chacón, o quien quiera dar un nuevo giro dentro del partido. Pero lo dicho, primero está el 20-N. ¡Felices elecciones a todos!
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