Con dos novelas publicadas, Plan B y Helmut, el escritor madrileño Rafael Caunedo continúa, sin embargo, dejando todas las puertas de la creatividad abiertas. Se percibe enseguida que es un hombre inquieto que adora lo que hace y reflexiona sin aires de trascendencia, a la vez que disfruta explorando nuevos senderos. Estudió Derecho en la capital, pero no tardó en darse cuenta de que la vida desde detrás de una toga se parecía bastante poco a lo que su bohemio espíritu de artista le estaba reclamando y muy pronto creó su propio taller dedicado al diseño y la pintura. Era sólo el principio.
“En la vida vas siempre cambiando”, asegura
Rafael Caunedo a EL IMPARCIAL, “si hace 20 años me dicen que tendría publicados dos libros, de los que la gente me iba a escribir para decirme cuanto habían disfrutado con su lectura, jamás me lo hubiera creído”. De hecho, nos cuenta que empezó a escribir más en serio un poco por casualidad, cuando una amiga le pidió que le acompañara a un taller de escritura. “Allí me piqué”, explica, “y al mismo tiempo perdí el miedo a que otros leyeran lo que escribía”. Hasta entonces todo lo que había escrito – relatos y diarios – había sido exclusivamente para él y el taller sirvió “para quitarme esa vergüenza a enseñar a los demás lo que escribía, rompí la barrera de que otros leyeran mis escritos”. De aquel taller salió un libro de relatos escrito entre todos los asistentes y después: “seguí escribiendo lo que pensé que sería otro relato, pero que acabó teniendo más de 200 páginas”.
Se trataba de
Plan B, su primera novela, ganadora del Premio de narrativa de género urbano que la editorial Atlantis otorga al mejor libro publicado por ella cada año en las diferentes categorías. “No es una novela autobiográfica”, contesta cuando le preguntamos si piensa que hay algo de verdad en eso que muchos piensan acerca de que la primera novela es siempre autobiográfica. “Es verdad que hay cosas mías, de mi forma de ser, en algunos personajes, pero la historia no es en absoluto autobiográfica. Con quien más me identifico es precisamente con el personaje que se encuentra desubicado, quizás porque yo me he sentido así en bastantes ocasiones. Por eso, nunca sé a qué me puedo dedicar en un futuro y no quiero decir que no a nada”. Y es que en el mundo de ficción en el que confiesa vivir el 90% del tiempo, puede ocurrir cualquier cosa. “
Vivo claramente en la ficción y además disfruto mucho de ello, pero no deja de ser un problema porque la realidad que te rodea sigue existiendo y tampoco puedes abstraerte del todo para vivir en ese mundo paralelo, en esa película que tienes en la cabeza”, reflexiona.
Y la realidad, aunque siempre en relación con la ficción que confiesa haber leído desde niño – especialmente desde que a los 14 años cayó en sus manos
El Señor de los Anillos -, le impone otras actividades asimismo literarias, pero más alejadas de esa soledad del escritor que confiesa que le gusta. Por una parte, imparte clases de
escritura creativa en el taller de Carmen Posadas y, por otra, se comunica con sus lectores en la red a través de Mundo Voluble, su blog, que procura mantener actualizado cada día: “Ves la respuesta inmediata de la gente que lo lee y entonces te animas a escribir algo nuevo cada día, da la sensación de que si no lo haces, la gente te olvida. Hoy contamos con una herramienta fundamental que es internet y, en concreto, las redes sociales. Al principio no creía mucho en ello pero, en cuanto empecé, me di cuenta de que era una forma fundamental de dar a conocer lo que escribes”. “Eso sí”, concluye, “Que el libro sea de papel por muchos años”.
Asegura que con
Helmut, su última novela, una
fascinante historia inspirada en el autor cuya obra más le ha conmocionado, el novelista, dramaturgo y poeta austriaco Thomas Bernhard, el comentario que más ha recibido de los lectores tiene que ver con la madurez que ha alcanzado. “Dicen que lo normal es que sientas miedo a la hora de publicar la segunda novela, pero en mi caso ha sido al contrario. He perdido el miedo. En todo caso, escribo pensando en lo que me gusta y lo que me gusta es que sea una historia ágil y entretenida. Aunque el concepto del entretenimiento esté, en cierto modo, devaluado, me gusta hacer que la gente se entretenga, no pretendo dar lecciones a nadie. Es lo que me sale”. Se confiesa, además, un escritor nada teórico, sin complejos planteamientos a la hora de sentarse a escribir. “Tampoco soy un escritor disciplinado, de los que se ponen el despertador y se sientan a escribir durante horas. A mis alumnos les digo que nunca se sienten a escribir si no tienen nada en la cabeza. Y en cuanto a mi manera de trabajar, es muy sencilla. Tengo un principio y tengo un final, todo lo que hay entremedias es lo que va surgiendo. Sé a dónde quiero llegar y el resto sale hoja por hoja”.
Su último trabajo, una novela que ya tiene título, “aunque no lo digo porque lo más probable es que no sea el definitivo, ya lo he cambiado unas doce veces”, se encuentra en la fase final, es decir, acabando la historia y a falta de todos esos repasos que ningún escritor parece terminar nunca. Con las anteriores, la
nueva novela del escritor madrileño tiene dos cosas en común: la presencia de uno de esos personajes desubicados con los que él se identifica y el desarrollo de la acción en distintos lugares de todo el mundo. “En esta”, se ríe, “ya he rizado el rizo: Madrid, París, Los Ángeles y Estocolmo”. No le preguntamos de qué trata la historia pero sí por lo que él espera de sus libros: “Disfruto leyendo y escribiendo. En mi maleta nunca faltan los libros, ni siquiera puedo salir por Madrid sin llevar un libro. Siempre que paso por las librerías, miro y encontrar mis libros ahí, ya me basta”. En su página de Facebook lo deja muy claro: “¿Por qué escribo?, para tener tiempo para leer…”.