Sábado 19 de noviembre de 2011
Con los mítines de ayer se echaba el cierre a una campaña electoral marcada por una prima de riesgo disparada y los consiguientes rumores de un rescate imposible; básicamente, porque no hay dinero para ello. Ha sido ésta una campaña marcada tanto por la economía como por la ausencia de debate político. Mientras Rajoy hacía gala de la complacencia – a veces, demasiada- del que se sabe ganador, con permiso del electorado, Rubalcaba se afanaba por apelar al miedo de los recortes que hará la derecha; pero ni uno ni otro han hecho aportación alguna digna de tenerse en cuenta. Antes al contrario, PSOE y PP -y, en menor medida, el resto de partidos- han estado más pendientes de los sondeos que de la ciudadanía a la que se deben.
Tampoco son alentadores los vaticinios hechos por unos y otros a propósito de las movilizaciones que previsiblemente se producirán. El motivo, la imprescindible adopción de unas medidas tan desconocidas como, por fuerza, duras. Es lo que ocurre cuando no se hacen las cosas a tiempo; luego es peor. El debate sobre esto último sí es procedente. No lo es, sin embargo, recurrir en campaña a manifestaciones tras conocerse el resultado electoral. Eso es tanto como tensionar el voto. Y bastante tensa está ya de por sí la situación económica como para que los políticos tiren en lugar de distender. Conviene, pues, pasar pronto la página de una campaña prescindible, y tomar conciencia de un futuro inmediato que requerirá del esfuerzo de todos.
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