Sábado 19 de noviembre de 2011
Las FARC cuentan ya con un nuevo líder. Se trata de Rodrigo Londoño, “Timochenko”, representante del ala más dura de la narcoguerrilla. “Raúl Reyes”, “Tirofijo” o “Alfonso Cano” son los nombres de los últimos líderes terroristas que han ido cayendo, gracias a la dura y eficaz labor del gobierno colombiano. Un gobierno que, a través del Presidente Santos, ha tendido la mano a las FARC para que pongan fin a su actividad de una vez por todas. No ha habido manera.
Y menos aún, con el nombramiento de “Timochenko”. Las deserciones de los últimos tiempos reflejan el grado de descomposición interno de un grupo de delincuentes que viven del tráfico de drogas, el secuestro y la extorsión. Esos a los que Hugo Chávez tilda de “hermanos” llevan lastrando el porvenir de Colombia desde hace décadas. Ahora parece que su poder va mermando, y sería de recibo que en el seno de la organización hubiese un proceso de reflexión interna que les condujese a la única alternativa posible: su disolución.
Pero para ello es imprescindible que quien esté en la cúpula tenga voluntad de poner fin a tanto daño, y no de perpetuarlo, cual es el caso de “Timochenko”. Se puede cuestionar la labor de Santos al frente del ejecutivo colombiano en el conjunto de su gestión, salvo aquí: la fortaleza de un gobierno democráticamente constituido debe prevalecer siempre ante quienes intentan desestabilizar al país por medio del narcotráfico y la violencia. Eso es algo que hay que tener muy presente.
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