Opinión

El estruendoso final de la era Zapatero

Marcos Marín Amezcua | Lunes 21 de noviembre de 2011
Visto desde ultramar, a empujones, a empellones, así feneció la desgastada era Zapatero, en medio de una campaña política ríspida, de lenguaje crispado reflejando la desesperanza, la incertidumbre, el extravío y el malestar de la sociedad española. Cuando días antes de la jornada electoral, en campaña Rajoy había solicitado a Zapatero la pronta entrega de la alta responsabilidad de gobierno, bien que me recordó el similar requerimiento de Menem y la consiguiente adelantada salida de Alfonsín, apresurada a mediados de 1989.

Acabó la gestión de Zapatero, si es que primero no fue él quien acabó con ella.

No obstante que se decía de manera coloquial que todo el pescado ya estaba vendido y que por lo tanto, estas elecciones adelantadas del 20 de noviembre eran mero trámite y a priori se conocía el implacable veredicto de las urnas –favorecedor por mucho de Mariano Rajoy del Partido Popular (PP) como nuevo presidente del gobierno de España– no menos cierto es que lo sucedido en la Península Ibérica nos mueve a una profunda reflexión allende los mares, con la ventaja de ver las cosas a lo lejos y mirando despasionadamente lo acontecido.

Soy de quienes cree tres cosas a pie juntillas: una: al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) le costó Dios y ayuda encontrar a un sustituto de Felipe González. Lo intentó con Borrell, con Almunia y después con Zapatero, que pareció ser un aceptable líder componedor del desprestigio y del desgaste sufridos tras el año 96. Hoy ese instituto político carece de líderes y tardará mucho en encontrarlos; hablo de líderes que sean un garante de triunfo electoral sostenido y sin ellos, le allana el camino a un opositor. Al tiempo.

Dos: visto desde lejos, Zapatero nunca me acabó de convencer, pero le concedí el beneficio de la duda. Competía explotando su carisma como lo hizo Aznar, carisma que a los dos se les agotó conforme avanzaron sus respectivos mandatos; a inicios de su gestión parecía serio. Si me permite, a Zapatero lo trató peor la gestión. Su desgaste físico es evidente y se refleja en una percha devastadora, contrastante con la que portaba en años recientes, perdiendo la lozanía, aflorando una suerte de vejez prematura inocultable. Después, sea por el arrinconamiento en su contra de ciertos medios masivos (caso similar al mexicano, arrinconando al partido Acción Nacional en un proceso que me parece muy similar) o ya sea por incapacidad, Zapatero sin talante ni talento se fue consumiendo. Si bien libró la reelección en 2008, muy pronto se vio que ya metidos en jabón, para los españoles la economía no iba bien de cara a la crisis mundial y ahora está muy estropeada, orillando a elecciones anticipadas.

Tercero: me ha quedado la sensación de que el PSOE pudo haber hecho mejor papel, pero careció de más gente talentosa, capaz, de primer orden y se dedicó a abrir frentes de batalla innecesarios y gratuitamente desgastantes, cual si actuara improvisando su gobierno, administrando las crisis sin rumbo y aquí estamos: en que ya no pudo cerrar completa su segunda legislatura, perdiendo el Palacio de la Moncloa.

Hasta aquí las premisas con las cuales hacer un análisis de la victoria de los populares sobre los socialistas españoles este pasado domingo 20, el 20-N.

Mas hay que decirlo. Por si faltara, considero a Pérez Rubalcaba como alguien que cumple a la perfección con esa idea que clasifica a los políticos como de sol o de sombra, como a las plantas. Los hay que relumbran, así sea por ser mediáticos y los hay que hacen una magnífica labor tras bambalinas, son de gabinete, hilan fino aunque sea mecate (soga) y acaso allí deberían de permanecer….por eso a los segundos yo no los pondría a contender en una elección a jefe de gobierno y encima, de las de cuesta arriba. No en definitiva. Es el caso de Pérez Rubalcaba, por ser político de sombra. Y aquí tenemos el resultado: ha fracasado en su aspiración. Claro que en política nada es eterno.

Rajoy no me parece una lumbrera ni pienso que está para morirse; y a menos que nos de una gran sorpresa a propios y a extraños, no espero mucho de él y quizás tampoco Europa. Pero como decimos en México, se ha sacado el tigre en la rifa y ahora deberá afrontarlo. Creo que al PP le ha costado también mucho esfuerzo encontrar verdaderos líderes que estén a la altura de la emergencia que se tiene. Rajoy puede ser tan malo como Pérez Rubalcaba y acaso con un poco menos de talento, y resulte de tan malo, muy bueno. Al tiempo.

Lo que si que es llamativo es el empuje del PP como muestra del encono social que, pese a la relativamente baja participación electoral que por angas o mangas se ha verificado, supone una irrupción esperada y se ha confirmado con los escaños obtenidos en las Cortes de España, si bien el PSOE no se colapsó y ha pagado perdiendo votos más en pro de las minorías. España ha votado conservador sin otorgarle al PP demasiados votos y está esperanzada a ver cambios. La medicina que proponían ambos candidatos era amarga y ahora faltará saber cuál es la más amarga de las dos. Rajoy maniatado por Europa deberá regresarle a España una buena imagen, perdida en el exterior.

Por lo demás, considero que pese a todo lo señalado, estas elecciones obedecen más al desgaste externo proveniente de la crisis europea que se ha cebado con España y que ha comprometido la viabilidad de la economía española, antes que de derivar de las exigencias opositoras para que per sé, Zapatero adelantara los comicios. Considero que Zapatero ha cedido hasta el punto de esta derrota electoral. Como luego sucede, al PSOE nadie lo ha empujado a la fosa, solito se arrojó a ella con sus errores.

Ciertamente que jamás imaginé que la era Zapatero terminaría de manera tan abrupta, tan atropellada y deslucida. Son momentos difíciles. España empieza una nueva etapa en medio de una crisis galopante que nos pone en vilo de este otro lado del Atlántico. Empero no puede menguar el escaso optimismo aunque no se vislumbra una salida fácil. En resumidas cuentas desde ya, los españoles a empujar la carreta y Zapatero…a tus zapatos.

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