Opinión

Dos sistemas escolares distintos y separados

Alieto Guadagni | Martes 22 de noviembre de 2011
Para construir en el siglo XXI una sociedad prospera y equitativa es crucial contar con un sistema educacional apto para promover el crecimiento económico y la acumulación de capital humano; ninguno de los países que han demostrado capacidad para crecer mejorando el nivel de vida de su población y abatiendo la pobreza, lo ha podido hacer ni marginando la escuela ni sin prestar atención a la calidad de la enseñanza que imparte. Las naciones exitosas se han preocupado por garantizar la calidad de su educación, procurando además que en los niveles superiores fuesen cada vez más los ingresantes provenientes de sectores socialmente postergados. El siglo XIX fue el siglo de la escuela primaria, el pasado el de la escuela secundaria y este siglo será el siglo de la Universidad; en la nueva sociedad del conocimiento prosperaran aquellas naciones que sean capaces de asegurar un alto nivel de calificación a sus recursos humanos; el capital humano de una nación es hoy más importante que la mera existencia de recursos naturales. Un reciente estudio realizado en la Universidad de Múnich, concluye afirmando “Si usted desea saber dónde estará ubicada una nación en el ranking mundial económico en el año 2050, averigüe cual es el nivel educativo hoy de sus adolescentes de quince años de edad”.

En este sentido es relevante señalar que a fines del siglo XIX Argentina pudo establecer las bases de un sistema educativo no solo integrador desde el punto de vista social sino también igualitario, basado en la calidad de la enseñanza, particularmente estatal. Pero en las últimas décadas esta asociación virtuosa se ha deteriorado, ya que existen cada vez más evidencias que el sistema educacional, no solo el secundario sino también el primario y el inicial, avanzan hacia la consolidación de un modelo organizativo de carácter dual, caracterizado por escuelas para ricos (privadas) y escuelas para pobres (estatales). Los resultados de la última Prueba Pisa correspondientes al año 2009, son una clara advertencia, ya que la diferencia entre el puntaje promedio obtenido por estudiantes ricos y pobres es apenas de 27 puntos en China, 45 en Indonesia, trepa fuertemente a 83 en México y Brasil, 90 en Colombia, 92 en Chile, 108 en Panamá, 113 en Uruguay y asciende nada menos que a 123 en Argentina. Como se observa existe ya una enorme desigualdad educativa por razones socio/económicas, que atención en Argentina es de las mayores en América Latina, región no caracterizada justamente por su equidad distributiva y con los mayores valores para el coeficiente Gini. Hay muchas cosas para hacer ya sin demoras, para sentar las bases de un sistema educacional no solo de calidad sino también socialmente integrador. Si queremos evitar esta irreparable fractura social no hay alternativa a mejorar sin demoras no solo la mera “contención” sino también la calidad del proceso educativo en el sector estatal.