José Eugenio Soriano García | Miércoles 23 de noviembre de 2011
Ha llegado la hora. No hay excusas. Esta sociedad no puede seguir aguantando el desarreglo y la mala situación en que se nos ha colocado. España es hoy un conjunto de privilegios, prebendas, un cosmos de sinecuras y gangas para unos cuantos. Unido, desde luego, a un cosmos de desventajas y olvidos para otros. Pero sin un esquema general, sino caso por caso, poder por poder, amigo por amigo. Y todo ello sin un ámbito de responsabilidades. Nos hemos acostumbrado a que todo funcione mal y que ello no ocasione el menor comentario, el menor problema: la resignación asumida ya con tanta naturalidad que todas las preeminencias, parcialidades, preferencias que se otorgan a unos cuantos, son aceptadas con allanamiento de nuestros espíritus que asienten ya anestesiados y que nos hace a todos consentidos y consentidores de todo este desbarajuste.
Además, favorecidos por los políticos de turno, los segmentos y personas que tienen una prebenda la consideran ya incorporada a su patrimonio, algo irrenunciable al parecer, aunque haga todo el daño al resto. Se vive en el privilegio, “privi legis” o ley privada. Y por cierto, que se pretende por algunos aumentarlos. Se vive en el más completo y enloquecido contra fuero, en el que contra todo tenor de razón se pervierten las ideas, los conceptos y todo ello para adobar y adornar a quienes hacen del buen vivir a costa de los demás, su forma habitual de vida. Un ejemplo de hoy mismo: se lee en el Boletín Oficial del Estado una nueva Ley universitaria del País Vasco, en la cual, con toda frescura se considera un “derecho” del alumno ¡¡ no ir a clase!! A esto hemos llegado por la incuria de los políticos, que ausentes de toda responsabilidad consagran por ejemplo en este caso el absentismo (laboral, profesional) ¡¡¡como un…Derecho!!!
Con esta perversión de ideas, donde se prima al haragán, al vago, y se desprecia, en este caso, la labor del trabajador (el profesor en este caso), simplemente nos deberían echar mañana mismo del euro. Esto es una broma. Pero es que de bromas estamos llenos. Basta comprobar el número de “moscosos” de los empleados públicos (días de asueto añadidos a las vacaciones que estratégicamente pueden utilizar todos los empleados públicos y que superan en muchos casos la docena al cabo del año) o el acceso a ese mismo “empleo público” para entender de inmediato que las ideas de responsabilidad, exigencia, calidad, trabajo, esfuerzo, sacrificio, están excluidas de nuestro sistema político. Y digo bien, sistema político (o antisistema porque esto empieza a ser una burla) porque quienes hacen esas leyes son los políticos y con ese tipo de leyes alegremente destrozan un país. Que nos parecemos a Grecia en este tipo de actitudes es algo evidente.
Los ejemplos son miles y miles. Se han acumulado tal tipo de prebendas en este spoil system que solamente con coraje y en los primeros cien días podría explicarse a la sociedad española y desde luego a los socios europeos que todo esto va a cambiar. A lo mejor la estrategia sobresaliente de la campaña electoral ganadora ha sido la de que en boca cerrada no entran moscas. Pero eso sirve para ganar las elecciones. Luego hay que gestionar un país. Y desmontar todo el inmundo régimen de privilegios, prebendas, parasitismo, en fin, de otorgamientos concretos de dádivas, estableciendo un desorden monumental en que cada uno tiene un fuero particular y evitando que exista un régimen general, es algo absolutamente urgente y necesario.
Veremos si el coraje con que el líder ganador habló en la noche electoral es capaz de llevarlo a cabo. Ciertamente puede serse suave en la forma y firme en el fondo. Pero al fondo hay que llegar y además muy rápidamente. Nadie va a perdonar, ni los mercados, ni los socios europeos, ni los votantes, ni los parados, que no se aborden con claridad, y por tanto con alguna energía, todos estos graves problemas que tenemos acumulados. Los últimos años han sido los de un conjunto de desórdenes institucionales, que como hemos puesto de ejemplo hoy mismo, continúan. Se premia al pícaro (el que no va a clase, el que tiene más vacaciones, el que miente en las subvenciones) se continúa en el Estado de Partidos, repartiéndose las Instituciones (Poder Judicial, Tribunal Constitucional, Agencias “Independientes”, ya hasta las Universidades); y esto también tiene que acabar para que el partidismo no acabe con el Estado de Derecho.
En fin, confiemos en que las ideas claras estén en el cerebro de quien va a dirigir este país. Y tendrá que hacerlo con corazón también, sabiendo que si se explican bien las cosas y se hacen de inmediato, luego, el resultado no tiene que ser tan negativo como la opinión publicada desea hacer llegar falseando y falsificando las preferencias de la gente.