Jueves 24 de noviembre de 2011
Las reuniones celebradas ayer entre Soraya Sáenz de Sanatamaría y Ramón Jáuregui por la mañana y Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero a última hora de la tarde suponían el pistoletazo de salida oficial del traspaso de poderes. No obstante, destacados miembros de PP y PSOE llevaban ya tiempo reuniéndose de forma discreta para tratar este asunto, lo cual es sumamente positivo. La delicadísima situación en que se halla la economía española exige obrar con la mayor diligencia posible, de ahí que resulte crucial el entendimiento entre los que se van y los que llegan.
Sería lamentable presenciar escenas tan bochornosas como las acaecidas tras las últimas elecciones autonómicas en Castilla-La Mancha, con las destructoras de papel funcionaban a pleno rendimiento y donde cajas y cajas de documentos “se perdieron”. Nada de eso ha sucedido de momento, ni debería de suceder. De hecho, los que urgen a Rajoy para que anticipe de inmediato cuáles van a ser sus primeras medidas ignoran que, antes de nada, tiene que ver el estado real de las cuentas. No es lo mismo verse abocado a un ajuste de 15.000 que de 30.000 millones de euros, por más que haya quien tenga prisa en saberlo.
Es imprescindible, pues, que se aceleren los trámites cuanto sea posible, pero con un escrupuloso respeto al procedimiento reglamentario. Hay que recordar que Rajoy aún no es presidente. Hasta ese momento, lo que corresponde es consensuar todas y cada una de las decisiones que el Gobierno en funciones adopte, e ir ya poniendo los mimbres del futuro inmediato. Si se hacen las cosas como es debido, el mensaje que recibirán inversores y prestamistas será muy positivo.
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