Nacional

Intolerable Impaciencia con Rajoy

paso cambiado

Viernes 25 de noviembre de 2011
Es entendible que a la izquierda le haya dolido mucho la victoria de Rajoy en las elecciones. Pero no hace falta ser muy sagaz para saber que es muy difícil gobernar cuando no se tiene el Gobierno. Porque Rajoy, pese a las apariencias, aún no ha sido investido, y, por lo tanto, no puede nombrar ministros, ni siquiera quemarlos sugiriendo sus nombres.

Por eso, es intolerable que se le pida al candidato a la Presidencia que adopte medidas urgentes, o que exponga planes que tiene obligatoriamente que presentar antes ante el Congreso que debe decidir su nombramiento.

Otra cosa es que España se dé toda la prisa que pueda en desbrozar los trámites para que Rajoy pueda poner manos a la obra con la máxima rapidez, como entendió este miércoles el presidente del Gobierno en funciones, Rodríguez Zapatero, al convocar a Rajoy en La Moncloa antes de lo que se esperaba. Pero, por mucha rapidez que se emplee, Rajoy no estará investido y no tendrá Gobierno hasta dentro de un mes. Y, si los mercados se impacientan, pues qué le vamos a hacer. Porque en España, la Ley es la Ley, y, que se sepa, los brokers mundiales no son todavía legisladores españoles.

La cuestión está en que la histeria económica mundial tiene un punto de ridículo (aunque sea capaz de sumirnos en la miseria). Pues parece existir una tendencia suicida de quienes quieren ganar a toda costa con la crisis a base de autofagocitarse, como si una serpiente se devorara por su propia cola.

Puede comprenderse la búsqueda del beneficio, pero hay quienes se están quedando sin espacio para lograrlo. Es cierto que Europa se ha debilitado por sus propios errores, y España aún más por su torpeza keynesiana de soñar con un crecimiento basado en la deuda. Pero también es cierto que quienes manejan los capitales mundiales se han arriscado tanto en la persecución de la seguridad del beneficio que están poniendo en riesgo a sus gallinas de los huevos de oro.

Es tal la histeria de los inversores (de los gestores de las inversiones mundiales) que ya no saben dónde colocar su dinero. Podían sacarlo de Grecia, porque era obvio. Y de Portugal, porque tenía una estructura débil. Y de Irlanda, por su expansión incontrolada. Y de España, por su mala cabeza, como la de Italia. Pero ahora dudan ya de Francia, e incluso se ponen remisos con Alemania (que este miércoles no ha podido colocar su deuda a plazo).

Se han vuelto absolutamente estúpidos, pensando que en nadie se puede confiar (porque sus depositantes no se lo perdonarían) después de que cayera Lehman Brothers.

Pero todo esto es un espejismo (criminal, en nuestro caso, porque nos ha hecho y nos va a hacer mucho daño), pues el dinero retornará porque no tiene sitio mejor para quedarse que Europa, con sus economías entre las diez más importantes del mundo.
Lo que están esperando los inversores, como agua de mayo, es que alguien les dé garantías de seriedad. Y tienen tanta prisa, y están tan decepcionados con algunos países de nuestro entorno, que todos se fijan en Rajoy, el único gobernante nuevo en medio de la crisis que no ha sido producto de una presión internacional, sino del voto de sus conciudadanos.

Quédense tranquilos unos días tales inversores. Dejen de jugar al monopoly. Si, cuando le toque, Rajoy lo hace mal, vendan nuestra deuda y compren la de Beluchistán, que seguro que es mejor que la española. Pero, entretanto, déjennos en paz. Porque ya sabemos que estamos mal. Más aún, que estamos muy mal. Pero tenemos un país bastante mejor que la media, que nunca caeríamos en el impago (salvo que se empeñen en arruinarnos) y que lo único que necesitamos es tiempo para ahorrar lo que insensatamente hemos gastado en los últimos siete años.

Hace bien Zapatero en facilitar el traspaso de poderes. Es muy loable, porque de su mano partió la imperdonable gestión que nos llevó a la miseria. Pero es tiempo de rectificar, y no tiene sentido que se obstaculice ese proceso por prisas de la especulación estéril.

Y menos sentido aún que los medios del zapaterismo fracasado le pidan urgencia a Rajoy. ¿O es que creen que deteriorando la imagen del ganador van a retrotraer los resultados electorales?

Lo que España necesita no es compulsión angustiosa, sino seriedad, institucionalidad y claridad. Porque estamos en un proceso lento del que partimos muy castigados. Pero que se puede revertir en el mismo momento en el que algunos (los mercados famosos) perciban que van a ganar más vendiendo en el punto más alto de su rentabilidad, porque ésta caerá en el momento en que suba la confianza. Y, entonces, esa confianza se multiplicará.

Todo cambiará cuando los inversores miren el mapa del mundo, que es muy ilustrativo, y vean dónde pueden colocar su dinero. Y, si no es en las potentes economías europeas, ¿dónde será?

El dinero volverá, siempre que Rajoy tenga margen para embridar los desajustes patrios, pero hay que dejarle tiempo. O bien unirse a él en una ceremonia de incineración colectiva, como bonzos en Tiananmen. Pero no hace falta darse prisa en encender el mechero, como es la especialidad de la izquierda española, en su peculiar manera de defender el Estado del Bienestar prendiéndole fuego.

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