Los Lunes de El Imparcial

Luis Mateo Díez: Pájaro sin vuelo

Reseña

Domingo 27 de noviembre de 2011
Luis Mateo Díez: Pájaro sin vuelo. Alfaguara. Madrid. 2011. 280 páginas. 18,50 €

La nutrida obra de Luis Mateo Díez, cincelada a base de una prosa cuidadísima con un eficaz y respetuoso uso del español, pasea ya en nuestra literatura como la de un clásico moderno, símbolo de ello es su entrada en colecciones canónicas como “Letras Hispánicas” en Cátedra. Es un valor seguro y en alza, a nadie defrauda. Algunos quisiéramos que esta situación en el panorama nacional tuviera su cumplido reflejo en el exterior con más traducciones y ediciones. Sin embargo, allá fuera se exportan de continuo valores menos creíbles, de raquítica obra, cuando no insustancial, y, sobre todo, más perecedera, adjetivos que parecen casar difícilmente con la obra del escritor leonés.

La narrativa de Mateo Díez se presenta en continua y acorde evolución. Nos llega ahora este Pájaro sin vuelo tras El sol de la nieve o el día que desaparecieron los niños de Celama, Los frutos de la niebla, El expediente náufrago o El animal piadoso, novelas siempre enclavadas en Celama, ese denso y acre paisaje a caballo entre el símbolo y el trasunto que pertenece ya en rigor a la mejor imaginería de la literatura española junto a la ínsula Barataria o la opresiva Vetusta. Y no son elegidos al azar los enclaves, pues mucho de tradición cervantina o fina observación clariniana presentan algunas páginas memorables de Luis Mateo Díez, quien iniciara sus pinitos literarios con textos de fino costumbrismo moderno hasta el actual simbolismo de sus últimos libros merced al uso adecuado de la elipsis y otros recursos distanciadores.

En esta última novela de compendioso título, las referencias geográficas se han vuelto más cercanas al lector, y, por tanto, más nítidas. Tal identificación lectora acompasa el descubrimiento del vacío, la desolación y el extravío de la voluntad de Ismael Cieza, el pusilánime protagonista. Pero, además, el tratamiento narrativo del personaje y la arquitectura de la trama favorecen en el lector una anagnórisis, o reconocimiento simbólico, que remite a la única épica posible en nuestro tiempo: la épica del día a día donde la peripecia de la cotidianeidad adquiere acaso rango de leyenda. La grisura toda de una vida queda concentrada en la narración de un único día e inevitables se alzan los ecos literarios, los obvios y los no tantos. Un día como una vida, como resumen y síntesis de la cotidianeidad de un individuo que deambula por la ciudad de provincias donde la ineludible erosión del tiempo y el hastío urbano, planean inmisericordes sobre el escaso y deficiente ánimo del protagonista.

Entre tanta farfulla narrativa sujeta a vaivenes mercenarios se alza poderosa esta novela áspera con punta desoladora en la que el lector contemporáneo podrá indagar las vías del extravío, además de experimentar como la lectura vivida de la buena letra sin ampliarnos la vida, nos la ensancha, con su posibilidad de vivir en carnes otras existencias de forma contemporánea. Novela intensa y profunda, aliviada con notas de humor, que hará las delicias del lector bregado y exigente.

Por Francisco Estévez

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