DIPLOMÁTICO
Viernes 02 de diciembre de 2011
Una de las personas que mejor conoce en España los entresijos de la cooperación internacional es Carmelo Angulo. Su currículum refleja una elevada formación puesta al servicio de los más necesitados: Ha sido embajador de España en países tan complejos como Bolivia, Colombia, Argentina o México, ha estado al frente de la Agencia Española de Cooperación (AECID) y ha trabajado en el Progama de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dando respuesta a graves situaciones de emergencia humanitaria como fue la del huracán Mitch en el 98. En la actualidad este bilbaíno ha querido poner la experiencia acumulada a disposición de los alumnos de la Universidad Camilo José Cela gracias a un máster en el que, por primera vez, se vincula la enseñanza privada con la atención a aquellos países más vulnerables. Por C.C.
Su último cargo fue el de embajador en la Cumbre Mundial del Microcrédito que se celebró hace un par de semanas en Valladolid. Este instrumento financiero, ¿puede ser otra manera de hacer negocio con los pobres?
El microcrédito tiene dos escalas. Hay un microcrédito que parte de la sociedad empobrecida que no cuenta para sus países porque ni siquera está censada. En estas circunstancias, una ayuda de 50 euros a una madre que tiene alguna habilidad, como tejer o hacer panes, puede cambiarle la vida. Por supuesto esto no sucede solo. Tiene que ir acompañado de formación y asistencia técnica para la buena gestión de este dinero. Luego, aunque los ingresos que obtenga sean pequeños, esa persona adquiere el sentido de emprendeurismo y también es reconocida por las autoridades. Al tener un negocio, pasa a estar censada y ya se crea un ciclo económico básico con el que mucha gente arranca para acabar metiéndose en el sector formal de la economía. Hay muchas buenas experiencias en el microcrédito social dado a emprendedores hábiles que, con una pequeña cantidad y mucho trabajo, pueden salir adelante. La otra escala es el crédito para el microemprendimiento, que se da a gente que tiene alguna preparación y que lo que necesita es una ayuda casi de riesgo para arrancar su proyecto. En esta lectura, nos encontramos que la banca formal, incluso en España cajas de ahorro, tenían estas líneas de crédito que iban desde los 3.000 euros para personas que necesitaban por ejemplo una fotocopiadora, un ordenador o un viaje a otro país al que ir a ampliar el negocio. Lamentablemente, este sector ha colapsado y es que la crisis ha recortado el lado ético o humanitario de la banca.
¿Y quiénes se están ocupando de esto?
Algunas ONG grandes Y algunas fundaciones han tomado ese relevo y están dando esos créditos y consiguiendo que la gente realmente salga adelante. También hay que tener en cuenta que la crisis ha dejado desempleada a mucha clase media que igual necesita muy poquito dinero para sacar adelante un proyecto. Estoy convencido de que una de las claves de la recuperación es buscar esas líneas para que florezca la microempresa.
Entonces, ¿sí funcionan los microcréditos a pesar de la historia negra que los rodea, con personas pobres endeudadas a las que los bancos terminan por quitarles lo poco que tienen?
Una descalificación global del microcrédito es injusta pero también una magnificación es exagerada. En la escala social, la del microcrédito para los más pobres, las empresas privadas que los ofertan dan no sólo dinero, sino que generan una base de dignidad y reconocimiento de la persona. El microcrédito para el emprendimiento, como digo algo extinguido, creo que es fundamental recuperar para salir de la crisis.
En el ecuador de la Cumbre de Durban sobre el clima, han emergido nuevos desacuerdos sobre cómo y cuándo recortar las emisiones de CO2. El resultado de la conferencia es incierto. ¿Cómo lo ve usted?
Lamentablemente, el movimiento que empezó en Río en el 92, y que lanzó una advertencia mundial sobre el cambio climático, la desertificacion y la gestión de la biodiversidad está parado porque la crisis ha marginado la idea de que la sostenibilidad es lo más importante que tenemos entre manos.
¿Lo es?
Como concepto global sí porque si lo va a pagar la siguiente generación. La idea de la sostenibilidad es cuidar los recursos para que los que vengan después de nosotros puedan tener una vida digna. Lo importante no es el cambio climático sino la vision mediambiental que genera una nueva forma de ver la politica, la economia y la sociedad; un nuevo modelo. El problema es que no hemos sido capaces de convertir esta idea en un fenómeno transversal de las políticas. La economía, la sanidad, el fomento, el empleo... todo debería relacionarse con el fenomeno medioambiental y climático. Ahora, con la crisis, la preocupación de la gente son las cuentas públicas, la deuda, la inversión y nos estamos olvidando que si hacemos retroceder en la agenda la sostenibilidad perderemos unos años vitales que, en el largo plazo, nos mostrarán a gente abandonando sus países porque son inhabitables, playas inutilizables, personas dejando las zonas costeras, sequías prolongadas durante meses... Mi reclamo es no dejemos este tema aparcado porque algunos de los problemas que hoy día manejamos han de venir de una vision económica y social diferente que es la visión de la sostenibilidad ambiental.
El último proyecto que tiene entre manos es la puesta en marcha de un máster en la Universidad Camilo José Cela enfocado a la cooperación internacional para la reducción de la vulnerabilidad. ¿Cuál es su novedad?
Es la primera vez que una Universidad privada se preocupa por la agenda de los millones de desfavorecidos en el planeta. Es muy innovador que una universidad quiera combinar su perfil con un compromiso con las cuestiones más duras del mundo en un momento donde la arquitectura internacional está cambiando. Además, los másteres de cooperación normalmente dan una gama de conocimientos generales pero no preparan para trabajar en entornos complejos porque el alumno no se tiene por qué plantear el estar en organismos que trabajan en situaciones complejas. Este máster, llamado
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