mundo árabe
Viernes 02 de diciembre de 2011
La revolución tunecina, el derrocamiento del régimen de Gadafi en Libia y las Elecciones legislativas en Marruecos, han colocado a Argelia en una situación incómoda. El triunfo de los islamistas en la región, deja al poder cívico-militar argelino al desnudo frente a una opinión pública nacional cada vez más exigente con la necesidad de avanzar en las libertades y los derechos democráticos.
El régimen que preside Abdelaziz Buteflika siente la presión de la calle y del entorno regional, y busca apoyo en Francia. El jefe de la diplomacia, Murad Medelci, un hombre de la entera confianza del Presidente, viajará el miércoles 7 de diciembre a Paris para entrevistarse con su homólogo galo Alain Juppé. Además Medelci expondrá la visión argelina del actual proceso de transformaciones en el mundo árabe ante la Comisión de Asuntos Exteriores del parlamento. Un encuentro excepcionalmente abierto a la prensa y que es esperado con expectación por los medios de comunicación franceses.
Murad Medelci hablará de « la situación en el mundo árabe, del Magreb, del terrorismo en el Sahel, de las relaciones de su país con la Unión Europea, y también de las reformas políticas en Argelia », informa el periódico digital TSA (Tout sur l’Algérie). Según esta publicación, « las reformas políticas en Argelia están suscitando muchos interrogantes en los medios diplomáticos occidentales presentes en Argel ». Las promesas de apertura formuladas por el gobierno a comienzos de año y oficializadas por el Presidente Abdelaziz Buteflika en su discurso del 15 de abril pasado, siguen sin concretarse.
A tan sólo cinco meses de las Elecciones legislativas previstas para el mes de abril, la vida política argelina sigue enquistada y la economía productiva prácticamente paralizada. « Los cálculos politiqueros del Poder, que se preocupa sobre todo de su propia supervivencia frente al peligro de la primavera árabe, están relegando a segundo plano cualquier iniciativa destinada a generar una nueva dinámica a una economía sin perspectivas claras », escribe esta semana el analista Nordine Grim en el periódico argelino El Watan. Para el autor del estudio sobre la situación actual de la economía argelina, se está produciendo « una regresión de la producción industrial, un retroceso de las inversiones extranjeras y una fuga de capitales » en el país que hipotecan su futuro. Francia, que sigue siendo el primer proveedor de Argelia y su cuarto cliente, ha venido mostrando su preocupación sobre la situación de su vecino y antigua colonia transmediterránea. Lo que explica la iniciativa argelina de enviar a su ministro de Exteriores a Paris para « dar explicaciones ».
El estancamiento económico viene acompañado de las maniobras políticas cara a las próximas elecciones. La llamada « alianza presidencial », integrada por el partido FLN, por el reagrupamiento Nacional Democrático (RND) y el Movimiento Social por la Paz (MSP) de coloración islamista, parece decidida a sucederse a sí misma. Lo que junto al retraso en la aplicación de las promesas de apertura, está incitando a los partidos de la oposición, Frente de Fuerzas Socialistas (FFS), Reagrupamiento por la Cultura y la Democracia (RCD), y otros partidos democráticos en proceso de legalización, a boicotear las urnas. Una situación que dejaría de nuevo al trio gubernamengtal sólo en la sucesión.
La patronal argelina agrupada en la Confederación General de Empresas Argelinas (CGEE) ha puesto esta semana el grito en el cielo, denunciando la inercia de los poderes públicos frente a la debacle económica. Su presidente, Habib Yusfi, ha estigmatizado al Ejecutivo, que « cada año toma nuevas decisiones económicas, que son anuladas o cuestionadas al año siguiente ». « No podemos seguir así – exclama Yusfi - necesitamos una estrategia económica clara con visión a largo plazo ». El presidente de la patronal, ha denunciado el mercado informal, la corrupcion, la búsqueda de ganancias fáciles y la proliferación de la venta a bajo precio de productos de consumo importados por quienes en Argerlia son conocidos como « la mafia del import-import », que no pagan derechos de aduana, ni impuestos.
La situación en Argelia, suministrador de energía perivilegiado a Europa y primer exportador de gas natural a España, sigue bajo la atenta mirada de las cancillerías occidentales.
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