Opinión

La exhumación de España

José Antonio Ruiz | Viernes 02 de diciembre de 2011
No es una casualidad que se rodaran varias secuencias de «Torrente 4, Lethal Crisis» en el chalé de Somosaguas que ha alquilado la familia Zapatero para someterse a la preceptiva cura de desintoxicación tan necesaria para los “ex” después de ocho años de “enjaulamiento” en la mazmorra de Villa Alcatraz.

Aunque para crisis letal, la pájara identitaria en la que anda sumido el PSOE, aquejado del síndrome de descompresión, la enfermedad de los buzos, a punto de la embolia gaseosa como consecuencia de la brusca disminución de la presión atmosférica producto del batacazo electoral.

A cuenta del revolcón, el que ha amagado con quitarse la escafandra pero sin bajarse del caballo trotón es Pepe Bono, que aprovechando la buena-nueva del cambio del gotelé del Congreso por una mano de pintura lisa y un pedrusco esculpido con el busto cabezón de Azaña, ya ha dejado caer, mirando de reojo a Carmina Chacón, que el futuro líder del PSOE tiene que ser una persona suficientemente desinhibida –¡fuera complejos!- como para estar en disposición de gritar ¡Viva España! sin riesgo a morirse de repente de un ataque inusitado de vergüenza patriótica.

Le ha faltado añadir, que además sea natural de Albacete, aficionado a la hípica y a la dieta Dukan, y que tenga un consuegro cantante que se llame Raphael, a quien dicho sea al paso esta Navidad los socialistas con mando en plaza en el Pirulí (antes de traspasarle “la tele del régimen” a los Peperos que están al llegar dispuestos a hacer lo propio), han decidido reemplazar por Ana Belén, que cuando se mete en política se pone inaguantable, y cuando no, sigue estando tan sensual o más que la Desideria de La pasión turca o mismamente que la Mari Pili de La Corte del Faraón, secuela cinematográfica de la opereta bíblica, parodia de la sociedad española postzapatérica.

Quien no parece estar por la labor de bajar del monte y quitarse la chapela es su compadre del PSE de Euskadi, el tal Eguiguren, profesor de Derecho Constitucional -¡manda cojones!-, que ha terciado en la discusión insustancial de los pasaportes diciendo que el retrato robot del candidato ideal es el de un menda que sea capaz de gritar ¡Gora Euskadi! ¡Visca Catalunya! Un día de estos no sería de extrañar que Jesús acabase secundando a Patxi Zabaleta a la hora de promocionar a Arnaldo Otegi para el puesto de lehendakari.

Y allá que sin tiempo para recuperamos de la chorra argumental, va y salta al ruedo ibérico La Valenciano para aclararnos que «jamás en los congresos del PSOE se ha gritado Viva España». Claro que si de Elena Destroyer dependiese, en el de febrero lo que deberían gritar los delegados, puestos en posición de firmes, como el ejército de Pancho Villa, es ¡Viva Rubalcaba!... el ventajista.

A este paso, sólo faltaría que los compromisarios socialistas, una vez elegido por aclamación el nuevo secretario general, exclamasen todos a una ¡Viva el Rey! emulando a Catalina Luca de Tena cada vez que adopta el tono ceremonioso que la ocasión requiere para poner broche a la tradicional cena de los Mariano de Cavia.

Lo mismo va a tener razón un amigo colombiano que acaba de obtener la nacionalidad española y que días atrás, tomando el cafelito matutino, me espetaba: «No te ofendas por lo que te voy a decir, pero me siento más español que muchos de ustedes».

A falta de saber si el PSC es un partido español o está más próximo al catalanismo esquerrano, me quedo con la observación de Joaquín Leguina, que es de los pocos socialdemócratas que están intentando apartar la espuma del suflé para tratar de llegar hasta el fondo del asunto: «Yo no votaré nunca a Carmen Chacón porque es el final del paganismo y el comienzo de lo mismo».

Y es que, a falta de trayectoria y de recontar las incontables veces que según Antonio Casado la ministra de Defensa ha brindado con un ¡Viva España!, el único aval de la moza, que se sepa, es su señor marido, ex director del negociado de Propaganda de ZP, que ni se imagina el daño que ha hecho el marketing al PSOE de toda la vida; como el único aval de Tomás Gómez Franco es el tranvía de Parla, ejemplo del despilfarro español, según Financial Times.

Así las cosas, me temo lo peor: que le tuviésemos que acabar dando la razón a Alfonso Guerra, cabeza visible de “La reserva espiritual de Occidente”, cuando dice con sorna y desprecio que «esto de jovencitos al poder y las mujeres primero no puede ser nada bueno».

Y en estas que se presenta en León la senadora electa Carmen Alborch, para dar por oficialmente inaugurado otro busto, en este caso de Clara Campoamor, y pide que el feminismo sea declarado «patrimonio democrático de la Humanidad». (…) ¿Cómo va a levantar cabeza un país así? Digo lo que dijo Magdalena Álvarez: «Antes partía que doblá».

Entiendo que Guti, uno de mis intelectuales favoritos, haya descartado la hipótesis de volver a jugar en España y prefiera sondear las ofertas que le lleguen de Asia, pongamos por caso del mismo Bangkok, donde hace trece años murió y fue incinerado Francisco Paesa, alias Paco, el espía que le entregó a Roldán a Belloch por la módica cantidad de trescientos millones de pesetas; y que ahora, años después de fingir su muerte, ha aparecido vivo y coleando en Sierra Leona, en lo que mayormente viene a ser, si no me fallan las cuentas, su segunda resurrección. No es de extrañar que la NASA se esté planteando la posibilidad de enviar gusanos de avanzadilla para colonizar otros planetas.

Con semejante panorama, lo difícil es no capitular ante el desaliento. Por lo que a un servidor respecta, confieso que me he acabado de hundir tras enterarme por la revista Journal of Sex Research que el estereotipo que dibuja al macho como el único ser vivo que piensa en la fornicación a todas horas es sólo una leyenda urbana. ¡Lo que nos quedaba por oír! Ya no reaccionamos ni ante una instantánea de Terelu o de Makoke posando en pelotas en la portada de Interviú.

Carrera de San Jerónimo, antes calle del Sol, en tiempos de la Fontana de Oro galdosiana. XVI Jornadas de Puertas Abiertas. Entrada libre para los desocupados y los mirones de obra, que desgraciadamente en este país son muchos, casi tantos como los mirones de billaristas de Cela, y no me estoy refiriendo a los cinco millones de parados forzosos, que ya quisieran estar ocupados, pongamos por caso trabajando de ujieres en el “Congreso de los Diputados electos ausentes”, en nómina desde el veintiuno de noviembre, permítaseme la demagogia. El último pleno se celebró el 22 de septiembre, cinco días antes de que el BOE publicara el Real Decreto del día 26 en virtud del cual se disolvieron las Cortes y se convocaron las elecciones con dos meses de antelación.

Algunos todavía no se han enterado de que se acabó la fiesta. Y como si no tuviéramos bastantes pufos ya, la desgobernación socialista ha decidido dejar a Mariano, encima de la mesa de torturas del Consejo de Ministros, la pedrea del Niño: el cadáver del Caudillo. (…) ¡Hay que tener mala baba! España entera es un Valle de los Caídos, parque temático del franquismo irredento y del cainismo socialistoide.

Me quedo con la respuesta de un señor que paseaba por la calle y ha sido abordado por un periodista que le ha pedido su parecer al respecto: «A los muertos no hay que menearlos». No vaya a ser que por un casual se revuelvan de su tumba, resuciten y tengamos que salir por piernas.

En verdad que nada hay más parecido a un imbécil de derechas que un imbécil de izquierdas, no sé si me explico. Hemos pasado del yugo y las flechas, a la hoz y el martillo; del Cara al sol, al caradura. Muy malvados debimos ser en una vida anterior para merecer todo lo malo que nos está pasando. En el escaparate público no cabe un tonto más. Houston, tenemos un problema. Estoy por tomarme el puente y no volver. Total, para lo que hay que ver.

A Antonio Mingote, Marqués.

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