Opinión

El PSOE y sus tres tareas

Juan José Laborda | Domingo 04 de diciembre de 2011
Ahora que el PSOE se encuentra bajo el síndrome de una gran pérdida electoral, voces amigas y rivales de su ideología han venido a coincidir en que ese partido necesita una refundación. La tal refundación sería su gran error, si por ella se entiende hacer borrón y cuenta nueva. Esa recomendación se hizo en los años de la Transición. Por aquel entonces, unos “nuevos partidos socialistas” (frecuentemente aparecidos en territorios con fuerte tradición nacionalista) se disponían a ocupar el espacio político del antiguo partido fundado por Pablo Iglesias. Recuerdo que un influyente dirigente de una “Federación de Partidos Socialistas” (que posteriormente se integró en el PSOE), a la sazón opinó que “el PSOE había muerto con honor en los campos de batalla”.

La base más fuerte del PSOE se encuentra en que los ciudadanos tienen una opinión favorable de su centenaria historia. Es cierto que en todos esos años hay sombras y luces igualmente marcadas. Pero como no hubo errores vergonzosos (como en otros partidos históricos), la ventaja del socialismo español es que cuenta con su pasado para abrirse paso hacia el futuro. Ahora que escucho voces airadas contra la etapa de Zapatero, mi consejo sería que los socialistas deberían integrarla críticamente. ¿Acaso no se puede asumir el pasado de Zapatero cuando fue posible hacerlo con Largo Caballero, como líder partidario y presidente del Gobierno?

Sin embargo, el pasado es una base que será insuficiente si el PSOE no se aplica a sí mismo el reformismo, que es su seña de identidad ideológica. En mi opinión, los socialistas españoles tienen hoy la gran oportunidad de llevar a cabo una actualización de su reciente tradición política. Tres serían los capítulos de ese empeño: modernizar su internacionalismo con un europeísmo que afronte los retos de la globalización; atraer a los más capacitados para ese reto; y finalmente, haciendo esos dos proyectos con lealtad a la Constitución, incluso cuando proponga reformarla otra vez para ello.

La crisis que padece la Unión Europea se debe a que su actual estructura confederal, en síntesis, se ha revelado insuficiente para salir de esta crisis. Hace falta avanzar hacia una Europa federal. Y esta propuesta no es una propuesta utópica. Para el pensamiento socialdemocrático (y para otros europeísmos consecuentes), el federalismo europeo será la única vía de salvación de la Unión Europea, y al mismo tiempo, de sus ideales de libertad, paz y justicia en el Mundo. En toda Europa, y también aquí, el debate entre una Europa federal frente a otra confederal, dividirá los campos progresistas y conservadores del futuro: los partidos socialistas, si quieren ganar el futuro, deberán consecuentemente organizarse como un gran partido federal europeo.

Por lo tanto, el PSOE tiene por delante liderar esa tarea europea. Una vez más, los problemas españoles, los del PSOE (entre otros), encontrarán soluciones en Europa. Los nuevos líderes socialistas españoles deberán pesar en Europa y en el seno del llamado (que no es más que un nombre) Partido Socialista Europeo. Tendría todo el sentido que el PSOE se plantease, además, reformar la Internacional Socialista (un burocrático instrumento en manos hoy del ex premier griego Papandreu y del chileno Luis Ayala: sería la prueba de su recuperado activismo internacional). La utopía movilizadora: gobernar políticamente la globalización.

El segundo capítulo, consecuentemente, será atraer a los mejores para ese programa nuevo del socialismo del siglo XXI. Hace más de 100 años, la ideología socialista prendió entre los tipógrafos, unos trabajadores, como Pablo Iglesias, que sabían leer en varios idiomas. Lo mejor de la tradición socialista española reside en superar el estrecho marco nacional. Cuando el PSOE afrontó la Transición, su apuesta por el europeísmo (y lo que hoy llamamos la globalización) fue nítida, y por eso contó con la colaboración y la adhesión de personas que fueron referentes en la tarea de europeizar la España surgida de 40 años de autarquía del franquismo. Así como las Casas del Pueblo socialistas enseñaron a leer a muchos trabajadores, para así comprender sus doctrinas, el futuro del PSOE pasa porque sea un instrumento para encuadrar y movilizar a cuantos quieran una Europa como agente de un orden internacional más libre y más próspero.

El tercer capítulo, en mi opinión, se refiere a nuestro marco jurídico actual. El PSOE debe seguir siendo leal a la Constitución de 1978. Nuestra Ley fundamental se acomoda perfectamente a ese programa europeísta. Sería reaccionario apoyar la vuelta a posturas nacionales, y mucho más, si éstas responden a desiderátum de nacionalismos étnicos o populares, que pretenden disgregar los actuales Estados europeos.

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