Nacional

Elogio del discurso de Rajoy

MIRADA ESCOLÁSTICA

Lunes 05 de diciembre de 2011
Mariano Rajoy ha conseguido elaborar una pequeña pero hermosa pieza retórica con su discurso de la victoria, hontanar de esperanza, pronunciado en la noche electoral del 20 de Noviembre entre miles de pacíficas oriflamas. Y si siguiéramos la vieja usanza de la Democracia Americana, podríamos intitular este discurso como “Mis únicos enemigos son el paro y la pobreza”. El religioso y decente Ronald Reagan será recordado por su magnífico discurso “Evil Empire”, el siniestro Obama por su Speech about religious faith, en el que hacía ludibrio con total falta de respeto intelectual y moral de algunas citas veterotestamentarias – algo verdaderamente increíble en USA, y es que Obama no es tan culto como su diabólica soberbia le hace creer -, Harry S Truman por su The Truman Doctrine Speech, que sigue siendo piedra angular en la política internacional americana, John Fitzgerald Kennedy con su patriótico discurso inaugural y su frase “No preguntes lo que tú país puede hacer por ti”, el héroe trágico de Richard Nixon aún nos emociona con su discurso The Great Silent Majority. Y Rajoy quedará siempre vinculado a su noble y gentil discurso de su victoria electoral “Mis únicos enemigos son el paro y la pobreza”. Todo un manifiesto que él mismo personalizó.

Pero este título también enarbola una idea-fuerza: su gobierno jerarquizará las necesidades, distinguirá lo sustancial ( la despensa y la escuela ) de las abstrusidades peregrinas, de la retórica hueca sobre puros entes intelectuales del empíreo ( vid. Diálogo de las civilizaciones ), del uso del poder para la imposición de manías dogmáticas y sectarias ( las aberraciones y pleonasmos de mal gusto sobre lo que es el género gramatical confundido bárbaramente con el sexo ), del uso del poder para perseguir a la Iglesia Católica en los centros públicos y concertados, del uso del poder para imponer casi manu militari la pedagogía constructivista – nacida en la Rusia de Stalin – en la escuela, lo que ha generado por su desprecio a la memoria miríadas de hordas de jóvenes bárbaros, analfabetos y salvajes incapaces hoy de saber hacer ninguna cosa, del uso del poder, en fin, para realizar los propios delirios personales de una mente desequilibrada, y amiga de una orgía destructora. A Rajoy no le queda otra que construir a partir de la Navidad “una economía de guerra” que garantice un mínimo de bienestar y dignidad material para todos los ciudadanos del país.

La primera exhortación de Rajoy al país ha sido sustantiva, mesurada, discreta, suavemente aguda, delicada, recatada, sin ruido, apretada y escueta; rasgos sin duda que van bien con la moderación propia de un Jefe de Gobierno.

En esta hora decisiva de España Rajoy nos apela a tres tareas insoslayables: “Mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucha unidad”. El triunfo “sobre la más delicada situación” exige que ningún español quede excluido de la tarea común, la lucha indesmayable por el bienestar de los españoles, sobre todo, por aquellos que lo están pasando peor. Su cabecera programática no divide a España en buenos y malos, no ataca a nadie, no sermonea con vana moralina ética. Necesita el concurso de un gentilicio unitario, otrora grande, y que puede volver a serlo.

Tampoco promete milagros y prodigiosos portentos inmediatos, no por falta de deseos ardientes, sino porque Rajoy, a diferencia de los reyes de Francia, no es un taumaturgo, como sí lo fueran en su día los Capetos, como Hugo, Robert, Henry o Luis, y sus lindas reinas Adelaida de Aquitania, Ana de Kiev o Constanza de Provenza. Por cierto, viniendo los Borbones por línea directa de la Casa de los Capetos, el tronco real de Francia, podrían poner en acción la vieja fuerza sanadora de sus ancestros galos. Hasta podríamos digerir con un poco de bicarbonato los rentabilísimos asesoramientos del Sr. Urdangarín, que escribe a 14.000 euros el folio (un nuevo tipo de taumaturgia borbónica). Y que conste que nada objetaríamos si el Nóos del yerno del Rey es una escuela anaxagórea.

No dijo nada en su discurso de la ETA. Hizo bien. Nos queda la esperanza al sufrido pueblo español de que aún la acrotera del Estado piense que la condición de pedir perdón sea insoslayable para que los vesánicos asesinos de ETA, esos malditos hijos de mala madre, puedan tener algún privilegio social.

Mientras. Rajoy recibe a Rato, el mejor ministro de Aznar, tras haber realizado éste un largo periplo europeo visitando como Presidente de Bankia y, sobre todo, como legado del nuevo Presidente de Gobierno, todas las instituciones económicas europeas importantes. Rajoy quiere conocer de primera mano la dimensión exacta del problema.

Ahora Rajoy debería dejar claro que las últimas maldades del Gobierno saliente (como indultar a los ladrones de guante blanco, “whitecollars”, etc.) no se hacen de consuno con él, sino que él permanece libre e inmaculado respecto a las sentinas del zapaterismo, que parece ver a los banqueros como nuevos Robin Hood o Luis Candelas. Pero para Rajoy queda la patata caliente del desvergonzado caso Urdangarín. Ya el poeta Teognis avisaba que llegaría un día en que el dinero valiese más que los méritos de la sangre, y que las mejores sangres se corromperían con el dinero plebeyo. Rodríguez Adrados, Luis Gil o el inolvidable López Eire debieron haber participado en la educación clásica de nuestras guapas y españolísimas Infantas.

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