Opinión

El poderoso Brasil y el precio de su ambición

Jueves 08 de diciembre de 2011
Brasil vive un momento de esplendor histórico y económico. De haber permanecido por mucho tiempo como una inconclusa promesa del sur, hoy por hoy se perfila como la gran potencia regional, que comienza a ganar un puesto de importancia en la competitiva pecera de la geopolítica donde sólo mandan peces gordos y el gigante suramericano, junto al resto de naciones BRICS tienen claras aspiraciones de convertirse en uno de ellos, por lo que se muestran imparables en cuanto a ambición y empuje de desarrollo.

Sin embargo, tal ímpetu tiene su precio por lo que el primer damnificado del “estirón” financiero brasileño es su geografía y su territorio, abarcado en gran parte por uno de los ecosistemas más importantes para el planeta: el Amazonas.

Esta semana, el Senado brasileño aprobó una polémica reforma del Código Forestal que reduce significativamente de 80% al 50% las áreas protegidas del este bosque tropical catalogado como el “Pulmón del Mundo”, lo que ha desencadenado un intenso debate entre sus partidarios y detractores, que discuten sobre el coste ecológico,-irreversible-, de una medida que podría darle más flujo de caja a Brasil, mientras la comunidad internacional debate en Durban los retos del cambio climático y la recomposición del Protocolo de Kioto.

Una situación inquietante si se toma en cuenta la ineficacia de las autoridades brasileñas para contener la industria sumergida de la tala y la minería ilegal que tiene lugar en el Amazonía, así como el abuso de muchas compañías en cuanto a explotación de recursos se trata. Brasil precisamente no se ha destacado en hacer cumplir los estatutos de su Código Forestal vigente desde 1965, por lo que se teme que la reforma sea una carta blanca hacia una deforestación desmesurada que puede llegar a un crítico punto de no retorno.

Pensar en el progreso sin considerar que hay un precio a pagar es una utopía. No obstante, vale la pena preguntarse ¿en donde están nuestros límites?. Esta reforma, junto a la represa de Bello Monte,- un millonario proyecto hidroeléctrico en el corazón del Amazonas- nos hace pensar que el ministerio de Medio Ambiente de Brasil está de adorno. Lo pactado en el legislativo este martes es para beneficiar la industria maderera y la ganadera a gran escala y no a las poblaciones amazónicas, acostumbradas a tratar un entorno tan complejo y único como esta enorme selva suramericana.

Brasil crece y no tiene intenciones de parar. La ambición no es algo que cuestionamos, al contrario, es algo que admiramos y que es necesario para avanzar hacia delante, la duda está en ¿cuál es el precio de esa ambición y qué costes tendrá de cara al futuro? Y es que resulta peligrosamente hipócrita e inutil que 130 ministros debatan en Sudáfrica las medidas contra el cambio climático, mientras gobiernos como el de Rousseff dan un enorme paso hacia atrás en torno a este asunto.

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